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23 febrero 2010

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Despedida

Domingo.

Su familia llega a la noche, cogemos a la mañana. Luego no. Luego almorzamos, luego miramos "Alta fidelidad". Callados. Hablamos poco y nada. Creo que no hay mucho para decir.
Se termina, los dos lo sabemos.
Por un instante imagino esta imagen: la acompaño hasta la casa, me quedo en la esquina y veo cómo estaciona un auto del que bajan su marido y los hijos. Ni siquiera sé cómo se llaman.
Ni siquiera sé la causa de la angustia, cuando nos despedimos en la puerta del edificio.
Una angustia que desaparece.
Lo bueno es que todo pasará. Lo malo es que todo pasa, siempre.

03 febrero 2010

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Sábado.

Sábado.

Así como ayer ni cogimos, hoy no nos vestimos en todo el día. Cogemos todo el tiempo. Sólo paramos para respirar, tomar agua, ir al baño. Nos bañamos juntos, y cogemos en la bañadera. En un momento suena su celular, ella atiende. Habla. Luego de unos minutos, dice "hasta mañana" y corta. Luego, seguimos cogiendo.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Cena

Viernes, 21 horas.

Cocino. Fuimos juntos al supermercado. Los dos tirábamos del carrito. Los dos elegimos los productos en medio de las góndolas. Me costó conseguir azafrán. La colita de cuadril se la pedí al carnicero, porque los cortes empaquetados suelen ser una mierda. Mientras esperábamos, ella apoyó la cabeza en mi hombro.
Cocino risotto a la milanesa con colita de cuadril. El risotto implica que debo estar veinte minutos de pie, revolviendo y echando caldo para que lo absorban los granos de arroz. Ella está de pie, junto a mí. En un momento me toca el paquete, pero es más un juego que otra cosa. No cocino prolijo, cocino rico. La cocina es un enchastre, los platos no están servidos con meticulosidad, pero al llevar el tenedor a la boca, al meterlo entre sus labios y atrapar el contenido, ella cierra los ojos. Sonríe. Me mira. No hay lujuria. Creo que hoy no cogimos en todo el día. Creo que tampoco lo haremos. Cenamos, le cuento chistes, ella se ríe, ella cuenta chistes, hago como que me río. Las mujeres, por lo general, no saben contar chistes, y ella pertenece a la mayoría. Es, sin embargo, única.

28 enero 2010

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Tiger

Viernes, 14 horas.

Estamos en el Tigre. No sé bien por qué. Nos despertamos, cogimos, y no sé quién de los dos propuso salir a pasear.
Viajamos en tren, ni ella ni yo sabemos manejar. Retiro-Tigre. Besarnos en el vagón como si fuéramos dos adolescentes. Caminar. Reconocer. Empezar con los "¿te acordás de cómo era esto cuando el Mc Donald´s no estaba?". Visitar el Puerto de Frutos, que ya no tiene frutos sino muebles varipintos. Ella compra algo, luego me dice que es para mí, que es un regalo. No dice "para que me recuerdes cuando no nos volvamos a ver", por suerte. Un velador. Como si me iluminara, o como si deseara regalarme luz.
El día es lindo. Ni calor ni frío. Caminamos. Comemos en una parrila pulgosa, frente al río.
Luego, lancha. Abrazados.
Siempre abrazados.
Después, volver.

27 enero 2010

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Breves apuntes sobre los abrazos

Viernes, 1 hora.

Hay quienes son fanáticos del dormir cucharita. Yo no tanto. Es decir, no me molesta que una mujer me abrace desde atrás, apoye el mentón en mi hombro y durmamos. De hecho, podría decir que me gusta, incluso la sensación de sus tetas en mi espalda, de los pelos de su pubis pinchándome con suavidad las cachas. El tema es que no me gusta tanto al revés, es decir yo abrazando. No porque me joda la inmovilidad, nada que ver. Lo que me perturba es el pelo ajeno en mi nariz, que genera una picazón que me impide dormir, con una especie de ahogo, como si me faltara el aire. Reemplazar en el proceso respiratorio la nariz por la boca es aún peor: los pelos se introducen entre los labios, y me despierto. Evidentemente, a ella tampoco le gusta dormir cucharita. Cogemos, cuando cogemos nos abrazamos, incluso después también, hasta hacemos algún cucharita breve, quizás compartiendo un cigarrillo. Pero a la hora de dormir, cada uno por su lado. De hecho, cada uno apunta a un lugar diferente, ella a la pared y yo a la ventana, porque, lo sé, a ella le molesta tanto como a mí, al dormir, al tratar de conciliar el sueño, la respiración tibia, hirviente del otro. Entonces, espalda contra espalda. Las cachas tocándose. Los pies entrelazados. Como si cada uno hiciera la suya sin olvidarse del otro.
Es sólo otra forma de abrazar.

26 enero 2010

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Reconciliación

Jueves, 18 horas.

Quizás el sentido de discutir con alguien sea reconciliarse. Dicen que los polvos de reconciliación son los mejores. Es como si uno supiera lo que estaba por perderse, como si deseara aferrarse a ese cuerpo. Metérsela hasta el fondo como si así los cuerpos pudieran fundirse, no quedar expuestos a otro vendaval. Los brazos de ella aferrando mi espalda con fuerza, casi rasguñándome, casi asfixiándome, permitiéndome sólo los movimientos de la pelvis -cortos, porque también me rodeó con las piernas, y también trata de inmovilizarme-. Hay fuerza que intenta diluir el pánico -a la pérdida, supongo-. Hay ojos que se reencuentran, que no desean dejar de estar en contacto con la pupila ajena. Hay palabras, hay cogeme, hay tomá, hay dame, hay ay, hay Dios. Acabar con el deseo que nada se acabe. Dejarse caer sobre el cuerpo, sentir los pechos agitados, los besos en la mejilla, las manos que continúan acariciando.
-No discutamos más -digo en un susurro.
-Claro que no -dice.

25 enero 2010

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: El Kid de la cuestión

Jueves, 15 horas.

Discutimos. Por primera vez. Ojalá pudiera decir la causa, ojalá pudiera saberla. Llegué, las milanesas a la napolitana con papas fritas estaban listas, estaban ricas, estaban riquísimas. Cojimos, después. Después, la discusión. Y no sé la causa. Sé que digo pelotudeces, y ella también. Sé que decimos cosas. Hablamos de promesas incumplidas, pero que nunca se prometieron. Hablamos de diferencias de pensamiento, pero ninguno sabe qué piensa el otro. En la mitad, nos besamos, y volvemos a coger. Después, cigarrillo y volver a empezar. Ninguno de los dos grita, de a ratos ella tiene los ojos llenos de lágrimas. Hay un momento clave, que es cuando ella se viste. Primero la bombacha, nos recriminamos -ella en tetas, yo en bolas-, luego el corpiño -empiezo a vestirme, porque si está por ocurrir lo que creo que ocurrirá, deberé bajar a abrirle la puerta-, luego el resto. En un momento se pasa el dorso de la mano por la nariz para limpiarse los mocos. Y me parece divina. Y se lo digo. Pero como recriminación, algo así como no entiendo cómo podés ser tan linda cuando te sacás los mocos. Algo así. Ella sonríe, pero no con gracia sino resignación. Y la resignación nunca es buena, nunca. Bajamos en silencio en el ascensor. Abro. Ningún beso en la mejilla, ningún chau. Nada. Subo, y sigo sin saber por qué nos peleamos. Porque esto se iba a terminar de todas formas, supongo. Porque cómo se hace para vivir con la muerte presente, calculo. Porque nos empezamos a sentir incómodos, estimo. Porque deseábamos reducir el dolor del regreso de su familia, imagino. Mierda. Me prendo un cigarrillo. Fumo callado. Casi no pienso. Mierda. Me subo al ascensor con el cigarrillo encendido, aunque está el dichoso cartel con la prohibición de fumar. Cuando salgo y miro hacia la calle, ella está de pie, junto al vidrio de la puerta. Nos miramos. Sonreimos. Abro la puerta, y subimos.

07 diciembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Angustias

Jueves, 11 horas (aprox.).

-No entiendo qué es lo que te angustia, Elemental.
-Que se va a terminar.
-...
-Es decir: que la estoy pasando bárbaro, pero se va a terminar.
-¿Qué día vuelve el marido?
-El lunes.
-Quedan tres días, si no contamos hoy.
-Exacto.
-Te falta la mitad.
-Exacto.
-Y sólo ves que se va a terminar.
-...
-¿Disfrutás?
-Claro, por eso sufro.
-No, no me refería a eso.
-¿Y a qué?
-A si disfrutás sufriendo.
-...
-¿Dije algo malo?
-Me estás mojando la oreja.
-Te hice una pregunta.
-Vamos, vamos. Vos y yo sabemos cómo funciona esto. Vos preguntás cosas de las que conocés la respuesta. Vos preguntás cosas de las que yo me escondo la respuesta. No se trata de que goce sufriendo. Me da bronca que se vaya a terminar.
-¿Bronca o dolor?
-Las dos cosas.
-Me da bronca ser consciente de que se va a terminar. Me da dolor imaginarme el después de que haya terminado.
-...
-No sé.
-...
-Desde que se terminó con No Sonia... No, miento, desde que se empezó a terminar con No Sonia, unos meses antes, acepté que me estafaron.
-¿Con qué?
-Con eso de que el amor dura para toda la vida.
-¿Quién te estafó?
-Mi abuelo, Hollywood, Harry, Sally, qué se yo...
-¿Te dijeron eso?
-Algo así.
-¿Y vos?
-¿Yo qué?
-¿Vos no querías creer eso?
-Claro.
-...
-Es tranquilizador, creer eso. Te da paz.
-Te engaña, entonces. La paz surge de un engaño.
-...
-La verdad te da bronca.
-Sí.
-¿Cuál?
-Muchas.
-...
-No voy a llorar. Tengo a una mina hermosa, divina, que me espera en casa. Prepara el almuerzo para cuando vuelva. No voy a llorar. No sería justo.
-¿Con quién?
-Con ella.
-...
-Conmigo.
-...
-¿Por qué no puedo disfrutar de las cosas como todos los demás?
-¿En serio suponés que los demás disfrutan de las cosas?
-En serio sé que no disfruto de las cosas.
-¿El sexo?
-Eso sí, pero eso es fácil. No puede no gustarte.
-Te asombraría saber de ciertos casos.
-Bueno, pero la cosa es que me jode no disfrutar. Meto cada experiencia en una totalidad que es siempre negativa.
-¿Por qué?
-¡Es que no sé por qué! ¡Eso es lo que estoy queriendo saber!
-Es bueno que te lo plantees.
-...
-Hoy dejamos acá, ¿sí?
-Pero estoy angustiado...
-Y te están cocinando. Andá, apurate.

25 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02)?: Segunda persona

Miércoles, 20 horas (aprox.).

Cogés. Cogés mucho.
Hablás, también. Hablás mucho, también.
Cogés y hablás. A veces, al mismo tiempo. A veces no. A veces sólo cogés. A veces sólo hablás. Pero por más que a veces sólo hacés lo uno o lo otro, conforman algo. No un todo. Un algo. Un algo que te da miedo ponerle nombre. Sos de esa clase de gente que, cuando está bien -y más cuando está muy bien, y aún más cuando está extraordinariamente bien- teme estar mal. Sos de esa clase de gente que asume que todo tiene un final, que todo termina, y no tenés edad para haber escuchado a Manal, es más bien una conclusión propia, amarga, amargamente propia. Sos de esa clase de gente que, de vacaciones, entre olas o caminando bajo un bosque silencioso, se pregunta por qué todo eso terminará cuando vuelva a su casa, a su trabajo. Sos de esa clase de gente que puede preguntarse, durante una obra de teatro, cómo será esa sala cuando todos los que están arriba del escenario -y los de abajo también- estén muertos, sean recuerdo, sean menos que eso, sean nada reemplaza por otra futura nada. Sos así. Por eso temés asignarle nombre al algo, que rima con galgo pero no importa, que constituye una construcción semánticamente horrible ("al algo") pero tampoco importa. Importa que temés asignarle nombre. Importa que estás disfrutando. A veces, al mismo tiempo.
Cocinás. Se lo prometiste. Cocinás en pelotas, y ella espera en pelotas. Y comen en pelotas, con la cortina abierta, y si los vecinos que están a una cuadra los ven no importa, o sí importa: mejor. Estás en ese momento donde no sólo estás bien sino donde deseás que se vea que estás bien. Estás en ese momento donde no sólo temés que todo termine sino donde deseás que no se vea que todo se terminará. Hay un momento en que te dan de comer en la boca. Hay un momento en que te dicen "qué rico" -primero es la comida que preparaste, luego un beso que te estampan-. No en ese orden. No importa.
Volvés a hablar. Ponele que inventes historia. Ponele que hayas terminado con las posibilidades que te dejaba el realismo o la verosimilitud, el costumbrismo o lo que fuera, y recurrís a otras cosas. En la cama de nuevo, abrazados, hablás de extraterrestres, de exorcistas, de vacas que hablan, de una valija con misterio contenido, de lo primero que se te viene a la cabeza.
Cogés, más.
Ven una película juntos, en la cama. El home theater lo preparaste en la mudanza, todo está preparado para quien se recuesta en esa cama, quien apoya la cabeza en la almohada. Hoy son dos. Y sigue siendo perfecto. O descubrís que hay grados de perfección, que se puede ser más perfecto.
Ves Annie Hall.
Cuando termina, te reís. Se ríen.
Se besan. Te abraza. Te dice al oído, te pregunta en verdad:
-¿Te jode si me quedo a dormir?
Y decís:
-No, claro.

24 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Otras vidas

Miércoles, 14:30 horas (aprox.).

En la cama, acostados. Fumamos.
-¿Y si hubiéramos nacido en países distintos?
Improviso. Ella en Argentina, yo en Italia. Le cuento. La forma en que crecimos. Cómo nos conocimos cuando vine a Buenos Aires por un intercambio cultural. Que nos besamos por primera vez antes de que yo hubiese podido aprender el idioma. Que ella me enseñó el castellano en las pausas entre cogidas. Que nunca perdí el acento tano. Que nuestros hijos tuvieron la doble ciudadanía.
Fumamos.
-¿Y si yo hubiese estudiado, no sé, psicología?
Improviso. Las crianzas son similares, con la diferencia de que a ella le interesan más los estudios. Nos conocemos cuando ella está en el CBC y yo aún en la secundaria. Una fiesta. Noviamos. Hace buenas migas con mi vieja -sólo porque Sonia 03 (dNS)/No Sonia 02 adquiere orientación lacaniana, de lo contrario sería imposible-. Cuando discutimos, ella interpreta todo lo que digo, primero me enoja, luego me gusta.
Fumamos.
-¿Y si yo hubiese sido deportista?
-¿Y si vos hubieras sido menos tímido?
-¿Y si yo hubiese sido paralítica?
-¿Y si vos hubieses sido millonario?
Fumamos. No sé cuánto tiempo pasa. Ella tira un planteo, yo improviso. Supongo que me repito, cada tanto. A ella, igual, parece gustarle. Mientras hablo me acaricia la barba, me relaja aún más. Mientras pregunta, me acaricia la pija. De cuando en cuando, nos besamos. Picos, fundamentalmente.
-¿Y si vos nunca hubieras escrito?
-Eso es imposible -digo.

23 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Más sexo

Miércoles, 13:30 horas (aprox.).

Estoy adentro. Estoy encima. Estoy pegado. De, de, a. Ella.
Movimientos lentos, casi inexistentes.
Ella tiene las piernas separadas, pero sólo un poco: pega su piel a la mía.
Estamos con el mayor contacto que podemos tener. Mi pija adentro suyo. Las lenguas en la boca del otro. Las manos que recorren.
Esto no es coger. Los movimientos tan lentos hace que la definición de coger no cuadre con lo que hacemos.
No sé qué es.
De hecho, no acabamos. Ninguno de los dos.
Pero es tan placentero.

20 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Lectura

Miércoles, 12:45 horas (aprox.).

Leo.
En lo que leo, hay dos protagonistas. Ella y yo. Lo que leo es una historia, de ahí que haya protagonistas. Lo que leo es otra historia, en verdad, de ahí que los protagonistas seamos ella y yo. Es un relato breve, dos páginas.
Habla de la infancia de ella, de la mía. En la parte que se refiere a ella, inventé de lo lindo -colegios privados, vocación por la plastilina, mentiras compulsivas que se solucionaron con la asistencia de profesionales, goce con el hockey sobre césped-, y ella se ríe -no sonríe, se ríe- con cada novedad. En la mía, casi no inventé.
Cuando promedia el escrito, ella y yo nos conocemos. En un boliche -otro elemento ficticio: jamás en mi vida hubiera podido hablar con una mujer en un boliche-, ella me veía menor -ella andaba por los 18, yo los 15- y se acercaba.
Empieza, entonces, en el escrito, en lo que leo, un romance. Ella no es virgen, él sí -ok, ahí inventé, a los quince ya me había gastado un dineral en putas-. Novian, franelean, él se queja de dolor de huevos, ella cede, cogen. Se presentan las familias. Siguen su noviazgo.
No es un relato en el que haya mucho conflicto. En ese sentido, estrictamente hablando, como cuento es una poronga. Pero se sabe que en ciertos estados, con ciertos destinatarios, sólo podemos escribir bostas, porque en definitiva la mirada del otro verá, siempre, rosas.
No hay conflictos. Sí detalles. Hablo de cómo estudiaron los dos, de cómo se apoyaron mutuamente. Hablo de viajes. Mudanzas. Convivencia. Casamiento. Hijos. Estudios de los hijos.
El relato llega hasta el punto donde ella tiene 41 y él 38. En un cajón, encuentran un escrito donde se conocen recién a esa edad, mientras él escribía un blog y ella estaba casada y tenía una semana de libertad.
Termino de leer.
Apoyo el papel sobre la hoja.
-¿Por qué escribiste eso? -pregunta.
-¿No decís siempre "ojalá nos hubiéramos conocido antes"? Bueno, al menos ahí nos conocimos antes.
Ella me mira. Seria.
Luego sonríe.
Luego me besa.

19 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Lo previsible

Miércoles, 11 horas (aprox.).

Si algo me gusta, es que las cosas sean previsibles. Nunca me gustaron las sorpresas: por lo general, no son buenas. Esto no significa que lo previsible implique que ocurrirán cosas buenas. No. Casi diría todo lo contrario. Somos seres humanos, pertenecemos al reino animal y somos animalitos previsibles. Si te pregunto tu nivel socioeconómico, dónde y qué estudiaste, qué votan tus padres o figuras paternas y de qué trabajás, sé lo que votás, qué tipo de salida preferís, esas cosas. Deduzco otras, también. Las miserias son absolutamente predecibles. Somos animalitos que suponen un libre albedrío y con esa suposición van por ahí chochos de la vida, cuando en verdad una serie de elementos invisibles -llamémoslos variables- nos atraviesan. No hay dolor, o si lo hay es en las consecuencias. Las variables nos van cerrando el campo de acción hasta que quedan una o dos opciones -no mucho más-. De hecho, cada decisión -supuesta- que tomamos acota el margen de acción posterior. A medida que crecemos las opciones son cada vez menos. Nos educamos -formal o informalmente-, y ya es posible saber bastante de nuestro futuro. Ingresamos en ámbitos laborales, y ya es posible saber aún más de nuestro futuro. Nos entregamos a relaciones amorosas, y el final está ahí, a la vista. Una de las cuestiones que siempre me dio curiosidad es la autohipnosis que desarrolla hasta el ser humano más obtuso. Los finales están ahí, decía, cualquier ojo avispado lo ve, pero a uno la mayoría de las veces le resulta imposible. Y, si lo ve, la mayoría de las veces se convence de que "en esta ocasión" logrará torcer el destino. La clave es "en esta ocasión". Esta ocasión, por lo general, es igual a todas las otras, y en las demás no se pudo torcerlo. Repetimos. Una y otra vez. Las mismas cagadas, con distintos grados de intensidad, en distintos ámbitos y con diferentes personas. Repetimos. Y que conste en actas que hablé de variables socioculturales que nos atraviesan, lo cual suena mucho más elegante que decir que somos puro instinto. Es decir, que no nos diferenciamos mucho de un perro o un ornitorrinco. Salvo que somos más feos que los primeros y más lindos que los segundos.
La cuestión, si uno quiere predecir al resto, es detectar -además de lo que enumeré arriba- qué repite. En literatura, repetir está mal. Te dicen que es feo. No sé. Habla de escasez de recursos lingüísticos, es cierto, pero habla de la condición. Una obra perfecta renuncia a la humanidad, porque somos imperfectísimos. A esta altura del partido, renuncié hace rato a construir algo perfecto, algo novedoso. Me basta con intentar detectar mis repeticiones, no para anularlas sino para mantenerlas bajo todo el control que pueda.
Entonces, decía, la cuestión para manejarse con un cierto margen de seguridad con el resto de las personas, basta con detectar reiteraciones. A partir de entonces, el mundo se vuelve predecible: las reiteraciones continuarán ahí, como planetas, y el resto girará alrededor con distintos volúmenes de trayectorias o circunferencias. El universo es la repetición, se ordena de esa forma. Cuando detectás cuáles son las repeticiones de otro, se hace previsible en casi todo el resto. O quizás exagero. O quizás es sólo mi innata y reiterativa voluntad de creer que está todo bajo control.
Pero, por ejemplo, detecté reiteraciones en ella. Poseo, entonces, una radiografía de la columna vertebral de la forma en que nos relacionamos.
Veamos.
Toca el timbre con puntualidad. La gente puntual llega con puntualidad. Los impuntuales continuarán toda su vida cagándose en quienes los esperan. Ella es puntual. Reiteración: toca el timbre con puntualidad.
Nos besamos con un pico en el hall del edificio, con un beso en el ascensor. Reiteración.
Nos desvestimos apenas entramos al departamento. Subimos las escaleras manoseándonos. Reiteración.
Hay, claro, elementos que varían. Los satélites también integran las constelaciones reiterativas. Hoy, ahora, por ejemplo, ella se da vuelta en la cama, se recuesta de costado, encoge la pierna que quedó arriba, y me dice despacio. Me ofrece despacio. Se ofrece despacio.
El resto es reiteración. Entrar y salir. Lo que varía es si algo es más apretado, si uno de maneja con mayor o menor cuidado. Repetición: besos, gemidos, palabras entrecortadas, gritos al final, abrazo.
Otra repetición: luego de coger, bajar y comer. Preparar un desayuno. Café, galletitas, esas cosas.
Pero decía al inicio que si uno detecta cuáles son las reiteraciones -en el otro, en la forma en que el otro se relaciona con nosotros y nosotros con él/ella-, uno adquiere otro margen de maniobra. A veces, sólo tenemos que esperar a que se reitere algo que sabemos se reiterará.
Dejás hablar, incluso respondés. Podría decirse que hasta te metés en la charla sobre el clima, sobre el polvo de recién, sobre la ropa que quedó en el piso.
Vivís.
Pero aguardás la reiteración. O, mejor dicho, una reiteración en particular.
Que llega.
Llega cuando ella dice, como ya dijo, "ojalá nos hubiéramos conocido antes".
Entonces sonreís. Así, como sonrío ahora. Así, provocando que ella abra un poco los ojos y te pregunte qué pasa.
Y voy hasta la impresora, saco unas hojas y digo:
-Escribí algo.
Es tu forma de que lo previsible, el universo mediocre, cambie algo. Alguito.
Es tu previsible intento de torcer el destino.

18 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Una idea

Miércoles, 2:00 horas (aprox.).

Abro los ojos.
Miro el despertador. Dormí unos quince minutos. Si se toma en cuenta el tiempo de viaje hacia el reino de Neil Gaiman, creo que no dormí nada, apenas me adormilé. Pensé en ella, en los ojos de ella, y me despabilé.
Doy vueltas en la cama. Cada vuelta, es una imagen. Sus ojos, su sonrisa, sus tetitas, su lengua. Nunca es tan claro ni tan único, pero ahí está.
Cada imagen es una vuelta en la cama, pero también cada imagen es una sensación. Las sábanas se entibian. La noche se aclara. Todas las boludeces que se puedan ocurrir suceden, ante esas imágenes.
Desconozco el motivo por el cual el enamoramiento se emparenta de tamaña forma con la boludez. La indefensión, imagino.
Acá, en esta cama, en este primer piso del duplex, en esta oscuridad, en esta noche, estoy indefenso.
Cuando estoy indefenso, en las indefensiones relacionadas con la boludez, con el enamoramiento, deseo. Deseo coger. Deseo abrazar. Deseo defender.
Cogerla. Abrazarla. Defenderla.
Hay algo, no sé, qué me empuja. Quiero ser un superhéroe. O mejor dicho: quiero ser Superman. O mejor dicho: quiero ser un superhombre. No en el sentido nietszcheano. En el sentido de un hombre que lo puede hacer todo por una mujer. Quizás mi enamoramiento es deseo de enamorarme, ganas de experimentar esta fuerza que me empuja a poder, a querer hacerlo todo en pos de alguien. Si ese alguien no está, esa fuerza tampoco.
En As Good As It Gets, Jack Nicholson le dice a Helen Hunt: " me hacés desear ser un tipo mejor". Es una de las mejores definiciones que conozco del amor, o más bien del enamoramiento.
Pienso en ella.
En qué necesita.
Se me ocurre algo.
En medio de la penumbra, me incorporo.
Hago lo único que puedo hacer.
Bajo por la escalera, en calzoncillos.
Llego al comedor.
Me siento ante la computadora. No prendí las luces. Rodeado de oscuridad, empiezo a escribir.

16 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Consejo del EMF

Martes, 23:15 horas (aprox.).

-¿Y entonces?
-Nada, nos despedimos cuando vine para acá.
-No hubieras venido, boludo.
-Me tomé vacaciones en el diario, no en los talleres.
-Por una cosa así, yo te cubro.
-Lo sé. Pero no me gusta falta si no es indispensable.
-Sos un chabón...
-Un chambón.
-Ja.
-Ja.
-¿Y garcharon tanto?
-Sí.
-Parecés Casanova.
-Es que soy un Casanova en potencia. El tema es que a él le dan pelota todas.
-¿Todas?
-Bueno, menos que a vos, pero más que a mí.
-Ah.
-¿Así está bien?
-Mejor.
-Trolo.
-Puto.
-Mariconzón.
-¿Y garcharon tanto?
-Sí, ya te dije. Sí.
-Bocha.
-Conectamos bien.
-¿Cómo?
-Que conectamos bien, por eso garchamos tanto.
-Sos un pelotudo.
-¿Qué hice, ahora?
-¿Cómo, "conectamos bien"?
-Eso, conectamos bien.
-...
-...
-Forro.
-¿Pero por qué?
-"Conectamos bien". Garchaste bien.
-Sí, eso.
-Pero no dijiste eso.
-...
-Dijiste una forrada.
-...
-Dijiste la forrada típica de cuando te enamorás.
-¿Sí?
-Sos mi amigo, te quiero, te conozco.
-Ella también me conoce.
-¿Perdón?
-¿Qué?
-¿Me lo estás diciendo en serio?
-Sí, ¿por?
-¿O sea que ella te conoce como yo, que soy tu amigo desde hace años?
-No. Es decir, es distinto. Nos estamos conociendo.
-¿Ya te contó lo que es vivir con el marido?
-No.
-Ni lo va a hacer. ¿De dónde sacaste que te conoce?
-Del mail que me mandó. Me conoce. O mejor dicho: me entiende.
-Ajá.
-En serio.
-"Conectaron".
-¿Qué?
-Forro. No aprendés más.
-En una de esas, no.
-Pero al menos garcharon bien.
-Sí.
-Listo. Disfrutalo.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Parole, parole

Martes, 17:30 horas (aprox.).

-¿Qué pensás?
-Nada.
-...
-En serio, nada.
-...
-No tengo cosquillas, ya te dije.
-No te creo, que no pensás nada.
-Pero no pienso nada.
-Vos pensás. Siempre. No te olvides que te conozco.
-¿Porque leés el blog?
-No, si creyera que te conozco por eso sería una pavota.
-¿Me estuviste investigando?
-Tonto.
-...
-Pensé en vos. Te pensé. Te conozco.
-Mirá vos.
-Y sé que nunca pensás en nada.
-Nadie, piensa nunca en nada.
-Las mujeres sí.
-Eso quieren hacer creer. Las mujeres piensan todo el tiempo, y más que los hombres.
-¿Ah, sí?
-Sí. Se queman el coco. Siempre.
-¿No es que somos boludas?
-Ni ahí. Obvio, boludas hay. Pero no porque no piensen, sino porque piensan mal, como los hombres boludos.
-Sos un feminista.
-Incomprendido.
-Tonto.
-Tonta.
-En serio, ¿qué estabas pensando?
-Uy, no hinches las bolas.
-Tenías cara rara.
-Tengo cara rara. Según Genovese, soy igual a Rob Schneider. Antes me decían que era parecido a Paul Giamatti. Tengo cara rara.
-Sos lindo.
-Atractivo.
-Lindo.
-No, linda sos vos.
-...
-...
-Rico.
-Ja.
-¿Me vas a decir qué estabas pensando?
-Y dale...
-Soy insistente, ¿te dije?
-¿Sí?
-Sí. Yo sabía que iba a coger con vos, que iba a pasar algo como esto. Lo sé desde que te empecé a leer. Fue cuestión de esperar a que se diera la oportunidad.
-Eso es ser paciente, no insistente.
-Insistente fui con mi marido para que se fuera con los chicos.
-Ah.
-Chiste.
-Entiendo.
-Dale.
-¿Pero querés que te diga lo que pensaba o querés coger?
-¿Te molesta que mientras hablamos te toque?
-No. ¿Querés hablar?
-Quiero que me digas lo que pensabas.
-...
-Tenías la cara como ahora, cuando te pregunté.
-...
-Yo sé lo que pensabas, igual.
-¿Sí?
-Lo mismo que yo.
-Mirá vos.
-...
-¿Me lo vas a decir?
-No, vos primero.
-¿Y ahora?
-Qué lindo...
-...
-Pensaba que ojalá nos hubiéramos conocido mucho antes.
-...
-Vos también, ¿no?
-...
-Querés coger.
-Sí.

¿Sonia 03 o No Sonia 02?: Más sexo (y 2)

Martes, 16:17 horas (aprox.).

Ya viste la cara del boludo. No es que sonría, tampoco me babeo -sí lo hago cuando duermo tras haber comido de más-. Los ojos. Fijate. Los ojos no engañan. Lo ves. Las pupilas, los iris, hasta el blanco que nos emparenta a todos indica que creo que este lugar, boca arriba mientras ella me cabalga, es el mejor del mundo. La piel me brilla, en cierto modo. Los rulos se erizan, pero para eso deberías aguzar los ojos.
Pero fijate.
Ella alza la cabeza que estaba colgada hacia atrás. Primero mira el techo, luego a mí.
Y tiene la misma cara de boluda.

13 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Más sexo

Martes, 16:15 horas (aprox.).

Hay polvos y polvos. Hay momentos y momentos.
Ella está ahí, arriba mío. Sube y baja, las manos apoyadas en mi pecho. Tiene la cabeza colgando, hacia atrás, aunque adivino los ojos cerrados en compensación a la boca abierta. Es un buen polvo.
Pero hay algo más.
Una mano que me saca de la escena, que me hace mirarla de lejos.
Mirá.
Estoy ahí, boca arriba. Clásico, parece. Pero fijate bien. No sólo tengo los ojos abiertos, sino que estiro el cuello para alzar la cabeza, para mirarla lo más de frente que pueda. Podría cerrar los ojos, disfrutar de la forma en que mi pija entra y sale, pero no. Fijate el gesto. Es de placer, pero es distinto.
¿Ves?
¿Ves lo que es un boludo?

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Pasados

Martes, 15:30 horas (aprox.).

-¿Qué pensás?
-Cosas.
-Ah.
-Pasados.
-...
-Son bastante parecidos, el tuyo y el mío.
-¿Sí?
-Bueno, si lo que decís en el blog es cierto, claro.
-Mi pasado es cierto.
-Entonces los tenemos parecidos.
-...
-¿Te jode que te diga eso?
-¿Por?
-Cambiaste la cara.
-No, no me jode el pasado. Me jode que me empieces a preguntar qué cosa del blog es cierta.
-Lo sé.
-¿Lo sabés?
-Lo sé. Igual, no lo dije para joderte.
-...
-Era porque tenemos pasados parecidos.
-...
-Mis viejos también se separaron, también me criaron mucho mis abuelos.
-...
-¿Te jode?
-No, no.
-Y también era un poco chapada a la antigua, por eso.
-¿Cambiaste, que eras?
-Me gustaría cambiar, por eso estoy acá.
-...
-En serio.
-Te creo.
-Mirate la cara. No me creés.
-¿Tendría que creerte?
-No vengo con trampa, Elemental.
-¿No?
-No soy una Sonia.
-¿Ah, no?
-Bah, sí. Puede ser. Esto se va a terminar en algunos días, y si querés podés escribirlo. Me va a parecer divertido, leerlo. Supongo. Y cuando lo escribas voy a ser una Sonia. Ahí sí.
-¿Y entonces?
-No soy una loca de mierda, como las que contás.
-¿Y qué sos, alguien que quiere cambiar?
-...
-¿De qué te reís?
-Tenés miedo.
-No.
-Tiene miedo, tiene miedo...
-Ya te dije, no tengo cosquillas.
-Ah.
-No tengo miedo.
-Somos parecidos. Sé que tenés miedo. Te conozco.
-¿Miedo de qué?
-De enamorarte.
-...
-...
-No tengo miedo.
-Cierto que vos sos medio kamikaze.
-¿No era que no sos una loca de mierda?
-No. No soy.
-¿Entonces?
-Entonces esto se va a terminar. Y no hay posibilidad de negociarlo.
-Ah.
-Igual, no sé si vos me querrías de novia.
-...
-¿Te imaginás? ¿Cómo me llevás a una reunión con tus amigos, si soy más grande que vos?
-...
-Sería imposible.
-Sí, pero no por eso.
-¿Y entonces?
-Lo dijiste vos: esto se va a terminar.
-Sí. Tenés razón.
-...
-...
-En otra oportunidad me hubiera encantado.
-En otra vida.
-Ja.
-Ja.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Miradas

Martes, 14:45 horas (aprox.).

Ella, en el piso, desnuda, quiere un café. Dice eso, quiero un café, y señala hacia la cocina integrada, hacia la cafetera, mientras sonríe. Me río. Le digo qué piola, tengo que hacerlo yo, y mientras lo digo ya me estoy incorporando. Voy desnudo hasta la mesada, saco el filtro, luego el tarro con café de la heladera. Mientras vierto el agua en el depósito, escucho que es mejor. Lo que escucho, exactamente, es que mejor que cogimos tan rápido, así bajamos un poco las ganas. Mientras cierro la cafetera y presiono el botón para que arranque, le pregunto para qué quiere que bajen las ganas. Para charlar, dice, ayer no hablamos casi nada. Se incorpora, camina hasta mí y me abraza por la cintura cada vez más amplia -alguna vez escuché que un periodista deportivo decía que el colombiano Mondragón, por entonces arquero de Independiente, tenía la cintura del diámetro de una pizza, y voy rumbo a eso, pero no soy arquero, y la verdad que ya me importa poco-. La beso en la frente. Nos miramos. Podría decirle que es casada, que esto es una ficción con títulos finales programados para dentro de seis días, pero en vez de eso le beso la frente y cuando nos separamos le acaricio la mejilla. Mirá si nos hubiéramos conocido antes, dice ella al cerrar los ojos y pasar la mejilla por la punta de mis dedos. Le pregunto hasta qué edad fue soltera, que es una forma elegante de preguntarle a qué edad se casó, y me dice veintidós. La abrazo. Le explico que si nos hubiéramos conocido mientras ella era soltera, lo que habría encontrado en mí era un psicobolche tan pelotudo como tímido. Ella me mira, me hubiera gustado igual, dice. Niego con la cabeza. Ella asiente con la cabeza. Pasa las manos, la punta de los dedos, por mi cintura. Busca alguna zona donde tenga cosquillas. No tengo, le digo. Cómo que no tenés, pregunta y dice todos tenemos. Me gusta reír, digo haciéndome el importante -frunzo las cejas, arqueo los labios-, pero tiene que ser con algo inteligente. Si te digo la teoría de la relatividad te reís, pregunta. Me río. Intenta de nuevo con los dedos, pero no tengo cosquillas. No vale, dice ella, tenés ventaja, me hacés reír con lo que escribís y me encontraste las cosquillas y yo con lo único que te lo puedo devolver es con la teoría de la relatividad. Nos besamos. Le acaricio las tetas. Es más un reconocimiento, un asegurarme de que siguen ahí, de que ella sigue acá, antes que preludio a otro polvo, que seguramente tendremos en un rato. Qué más te hace reír, pregunta. No le digo que los eructos y los pedos, quedaría feo. Me encojo de hombros, le digo que Groucho Marx, que Woody Allen, que Larry David, que Alex de la Iglesia, pero que todos ellos son feos y ella es muy linda. En verdad, le digo que es hermosa, y vuelvo a besarle la frente. Me agarra de las cachas del culo, las aprieta, y dice tiene que haber alguna forma en que pueda hacerte reír. Me estoy divirtiendo, le digo como para tranquilizarla. Ella pregunta si es cierto, y asiento. Me aprieta las cachas del culo, y pregunta con tono de nena si no le estoy mintiendo, y niego con la cabeza. Detrás, la cafetera indica con su silbido de serpiente que el café está listo. Nos separamos. Antes, nos miramos. No decimos nada. Como si tuviéramos miedo de hablar de más.