-Nada, nos vemos mañana.
-Y van a coger, me imagino -dice el Editor.
-Eso espero.
-Acordate -me señala Casanova-: lo fundamental es que inaugures el depto. Ni siquiera importa que sea un buen polvo, lo relevante para que la estructura edilicia sea propicia para una vida desenfrenada en lo sexual es que el coito surja cuanto antes.
-Por lo que contó, no creo que el sexo vaya a ser muy bueno -suspira el Editor.
-No importa -Casanova palmea la mesa-, lo fundamental...
-...es que pueda inaugurar el depto, ya lo sé.
-¿Ves? Me entendiste -sonríe Casanova, y me palmea el hombro.
-Igual te la podría haber chupado, ¿no? -dice el Editor.
-Y... -me encojo de hombros.
-Vos ya sabés que con esta mina no podés estar de novio, ¿no? -el Editor me apunta con su tenedor, coronado de una papa frita que acaba de robar de mi plato porque supuestamente él es sano y se pide verduras, para luego cometer un crimen detrás de otro en mi pedido.
-¿Por qué lo decís?
-¿Novio? -se escandaliza Casanova-. ¿Y para qué carajo querés estar de novio?
-No quiero estar de novio. Es decir, me encantaría conocer a alguien, y después ver...
-Bueno -el Editor me roba otra papa frita, si no me apuro con la milanesa a la napolitana no me va a dejar ninguna (soy metódico, siempre: primero la milanesa y luego la papa frita)-, pero no ésta.
-¿Por qué lo decís?
-No te la chupó. Es más: no te la chupó porque estaba con el período. O sea, como vos no se la podías chupar...
-...salvo que sea el conde Drácula -interrumpe Casanova, sonriente, a la espera de nuestra sonrisa que nunca se produce-... Seguí, seguí.
-Decía -carraspea el Editor-. Como vos no se la podías chupar, ella no te la chupó. Es egoísta. Y en la primera vez que estuvieron en la cama.
-Totalmente -dice Casanova-. Si tomamos en cuenta que la curva de progresión sexual con una mujer es descendente (es decir, que el sexo es cada vez peor), la mina va a ser cada vez más egoísta, y más hinchapelotas.
-Mierda -digo.
-¿Qué pasa? -preguntan al unísono.
-Nada, que tienen razón.
-¿Y por qué tenés esa cara? -pregunta el Editor.
-Nada, que no le tendría que haber mandado mensajitos de texto...
-¿¿¿Le mandaste mensajitos de texto??? -grita el Editor-. ¿Y para qué mierda, pelotudo?
-¡Qué se yo! ¡Para saber cómo estaba!
-¿Y para qué carajo querías saber cómo estaba? -pregunta el Editor.
-Es que no sé -digo, con los ojos ya humedecidos-... ¡No puedo tratarlas mal! ¡La mina estuvo en casa, me acarició la poronga y mañana va a venir a garchar! ¡No puedo tratarla de otra manera! ¡Ya te dije que no sé tratar a la mujeres cuando es sólo sexo!
-Ahora se va a pensar que estás recontra enganchado -bufa el Editor.
-Para mí que estuviste bien -me palmea el hombro Casanova, una vez más-. A las minas hay que tratarlas como princesas aunque sean putas. Y en especial hay que tratarlas como princesas aún cuando para nosotros son sólo para coger. Eso es ser elegante. Es lo que pide la Pacha Mama. Así uno puede tener muchas minitas.
-¿Y vos cuántas tenés? -preguntamos el Editor y yo.
-A ver -Casanova mira el techo del restaurante, se lleva un dedo a los labios para calcular-... Cinco... No... Seis... Sí, seis.
-¿Seis? -pregunto.
-Sí, seis.
-¿Y cómo hacés? -pregunto.
-Y, las veo una vez por semana a cada una, y el domingo descanso.
-¿Y ellas se lo bancan?
-Bueno, a veces las veo más de una vez, depende de cómo me levante. La otra vez me desperté muy caliente, llamé a una y fui a la casa: me eché tres. Después, cuando venía para acá, me llamó otra y fui: dos. A la tarde, me acordé de las dos de la mañana y llamé a otra, que la vi a la noche, pero ahí me eché uno y no quería más lola.
-¿Y ellas saben que hay otras?
-Sí pero no.
-¿Cómo, "sí pero no"?
-Saben que no estoy de novio, pero quieren creer que son las únicas, que yo soy un tipo solitario...
-...y en realidad estás siempre acompañado -lo interrumpo.
-¿Sabés que sí? -se asombra Casanova-. Siempre. Es que son divinas...
-Ojalá me pudiera manejar como vos -digo-, pero a mí me sale el amor.
-Vos no aprendés más -el Editor me roba la última papa frita, mientras suspira-. ¡Mensajitos! ¡Y ni siquiera te la chupó!
-Hay que buscarle alguna chica -dice Casanova-, alguna que pinte sólo para eso...
-El Escritor Iddishe Momme me quería presentar una -digo.
-¿Y? -preguntan a la vez.
-Me mandó una foto: horrible.
-No puede ser tan horrible -dice Casanova-, siempre tienen algo hermoso.
-Si lo tiene, al fotógrafo se le había pasado por alto -digo.
-Y, si te la quería presentar el Escritor Iddishe Momme, era porque ni él se la quería coger -dice el Editor.
-No, no, pobre, era una amiga de la novia, o no sé si llamarla novia...
-¿Y por qué no salís igual? -dice Casanova-. Quizás pueden ser amigos...
-¿Y para qué carajo quiero otra amiga? Ya tengo a la Trotamundos, que la adoro, y está la Petisita, que no la veo hace un millón de años pero siempre me manda mails para que nos veamos, porque parece que se separó...
-Quiere cogerte -dice el Editor.
-No, nada que ver -digo-, siempre fuimos amigos.
-La amistad entre el hombre y la mujer existe -dice Casanova.
Lo miramos en silencio.
-La palabra clave es tapir -dice.
-¿Tapir?
-Sí, tapir. Mis amigas son feas como tapires.
Bebe de su café. Lo miramos en silencio unos minutos. Miro al Editor, y estoy seguro de que él también se hace la imagen de un tapir. Enseguida, empezamos a reírnos. Casanova nos mira.
-Pensá en la cara de un tapir -le digo entre carcajadas.
Me mira. Se ve que obedece, porque enseguida lanza una carcajada. Nos reímos a lo largo del resto del almuerzo, incluso cuando nos traen el café.
***
Para quienes no lo hayan entendido, hay imágenes que son más fuertes que la palabra.
Un tapir es esto:




