26 septiembre 2009

Sonia 02 (dNS): Chiche, el casamentero

Chiche tiene 69 años. Es psicoanalista. Lo conocí gracias a Casanova, cuando el lugar donde dábamos taller nos empezó a quedar chico y necesitábamos otro. Chiche dirige un centro de estudios psicoanalíticos, pero me cayó simpático de entrada: "tengo los huevos llenos de psicoanalistas", me dijo, "me gustaría que en el centro se diese algo copado". Más allá de algunos inconvenientes menores, el lugar es bárbaro y Chiche siempre nos trató como reyes de un reinado que desconozco. Nuestra comunicación no es fluida, pero sí buena. Cada mes le pago por transferencia el alquiler, cada martes nos cruzamos cuando él termina con sus clases para psicoanalistas y yo estoy por iniciar el taller. A veces se extiende un poco en el horario, pero su trato es tan amable que nunca me puedo quejar -por más que lo piense, claro-.

***

Hoy es martes.
Espero a que finalice la clase. Ya empezaron a llegar algunos talleristas, nos amontonamos en la sala de espera. Por suerte, no demasiado. Empiezan a salir los alumnos psicoanalistas. Las alumnas, en verdad. Son casi todas mujeres.
Con Chiche tenemos un código común, bastante usual entre los porteños, supongo: nos hacemos chistes machistas. Una vez me dijo "¿por qué te parece que en el psicoanálisis son casi todas mujeres?", y le respondí "porque no hay que trabajar", y nos cagamos de risa un buen rato.
Pero estábamos en hoy. Que es martes. Que las alumnas psicoanalistas se quedan charlando en la sala de espera. Hay una en particular que me llama la atención. Bueno, no ella. En verdad, lo primero que diviso es un culo. Un culo monumental: redondo, perfecto, una manzana merecedora de cualquier mordisco. Y ese culo monumental corona dos piernas que, si bien musculosas -no me gustan las mujeres musculosas, y menos desde que entrevisté a Flor de la Ve-, resultan cortas y contundentes. Estoy abstraído en el espectáculo onanístico cuando escucho una voz:
-¡Elementalito!
Chiche. Se acerca con los brazos extendidos y una sonrisa sincera. Nos abrazamos.
-¿Cómo estás? -dice, y sin esperar mi respuesta agrega-. ¡Qué lindo que estás!
-Bien... Un poco panzón.
-¡Pero eso a quién le importa! ¡Estás lindo! ¿Estás bien?
-Sí, sí... Me separé.
Me mira. La sonrisa desaparece. Me palmea la mejilla.
-¿Y cómo la estás llevando?
-Es increíble, pero bárbaro.
-¡Así me gusta! ¡Estás lindo! ¡Tenés que salir y coger! Sabías que esa es la mejor terapia, ¿no?
-Sí, pero hay muchas cacerolas dando vueltas.
-¿Cacerolas?
-Nada, no importa.
Seguimos hablando. Me sigue diciendo que estoy lindo. En un momento, nota que de cuando en cuando relojeo el culo perfecto.
-¿A cuál mirás? -pregunta.
-La de calzas.
Abro paréntesis. Muero por las calzas. Me calientan. Una mujer en calzas -salvo las viejas gordas a las que les quedan como hilo de matambre- dispara automáticamente una imagen lujuriosa. Ella de pie, con las alzas a la altura de los tobillos, y yo dándole de atrás. Es más fuerte que yo. Es irracional. Y no sólo lo irracional es más fuerte que yo. Pero en este caso sí. Las calzas, sí. Las calzas en un culo perfecto, sí. Cierro paréntesis.
-¿Calzas? -pregunta Chiche-. ¿Y eso qué es?
-Las medias esas, ajustadas...
Chiche gira.
-¿Cuál me decís?
-Nada...
-No, boludo, en serio. ¿Cuál?
-La de rojo, con calzas negras.
-Ah... ¿Eso son calzas?
-Sí.
-Mirá vos.
-Está linda, eh.
-No tiene novio.
-Mirá vos.
-Te paso el teléfono, ¿querés?
-¡No!
-¿Cómo que no? Yo te lo paso...
Lleva la mano hacia la campera. Supongo que ahí tiene guardado su celular, y en él la agenda de contactos.
-No, Chiche, no. No soy de esos.
-¿De esos cuáles?
-De los que pueden llamar a una mina que no conocen. No soy de esos.
-¡Pero cómo no vas a poder, si estás re lindo!
-Pará con los piropos, que van a pensar que somos pareja.
-¡Pero estás lindo! Te digo algo: a vos la separación te sienta bien.
-Me siento bárbaro.
-¿En serio no querés el teléfono?
-No, en serio. No podría llamarla. Igual, muchísimas gracias.
Hablamos un poco más, y nos despedimos.
Antes de entrar al aula donde en pocos minutos empezará el taller, miro el culo. Perfecto. Tan perfecto.

***

Hoy es miércoles.
Los miércoles a la mañana por lo general no hago nada. Es decir, los martes el taller termina a las mil quinientas, después a veces nos vamos a comer pizza, y me acuesto tarde. Me levanto tarde. Me baño. Antes de vestirme para salir hacia el diario, me siento en calzoncillos ante la computadora y pelotudeo un rato.
A eso de las once y media de la mañana suena el teléfono. Atiendo. Chiche.
-¿Qué hacés, Elementalito?
-Bien, bien... ¿Cómo andás?
-Bárbaro. Ayer te dije que estás muy lindo, ¿no?
-Sí, boludo, me lo dijiste. Gracias. Lástima que no te puedo decir lo mismo.
-Hijo de puta.
-Ja.
-Che, te llamaba para pasarte el teléfono de la chica que me dijiste.
-¿La de calzas?
-Ésa.
-Pero Chiche... Un millón de gracias, en serio, te lo digo de corazón... Gracias, pero nunca me atrevería a llamarla.
-¿Por qué no? Ella está esperando que la llames.
-¿¿¿¿Lo qué????
-Ayer, cuando terminó la clase, nos fuimos a tomar un café. En un momento aproveché y le dije que vos la habías fichado...
-¿Le dijiste que yo "la había fichado"? Somos dos viejos de mierda.
-Ja.
-Ja.
-Bueno, la cuestión es que ella también te echó el ojo, Elementalito.
-Me "echó el ojo"...
-Dos viejos de mierda, ya lo sé.
-Ja.
-Ja.
-¿Vos me estás jodiendo?
-No, Elementalito. ¡Si te dije que estás lindo! Dijo que te había visto el sábado en que se hicieron las jornadas. Le pregunté si te podía pasar su teléfono, y me dijo que sí.
-...
-¿Qué pasa?
-¿Cuál es la trampa?
-¿Qué trampa?
-Tiene que haber trampa.
-No, pelotudo, te digo en serio. Le dije que vos me habías preguntado "por la mina de calzas", así se lo dije, y se cagó de risa. Te paso el teléfono, ¿te parece?
-...
-Dale, ¿tenés para anotar?
-...
-Dale.
-Decime.
Me dice el número. Anoto, pero la situación me resulta irreal. Finalmente, le pregunto el nombre de la chica. Me dice un nombre.
Pero yo sé automáticamente que se llamará Sonia. Sonia 02 (dNS).

20 comentarios:

Sayuri dijo...

El eterno romance entre el hombre y las calzas!

Elemental dijo...

Sayuri, totalmente.

Anónimo dijo...

Las calzas son una cosa peligrosa, no quedan bien en todo el mundo. Son como las uñas pintadas de colores muy fuertes.

Gizmo dijo...

Sí, las calzas garpan.

There's always a catch. Catch 22, Elemental.

Elemental dijo...

Gizmo, ¿qué significa catch 22?

Serena dijo...

piernas cortas y contundentes...
mmm... Eso es bueno?? Menos mal que encontrás belleza en las personas inusuales, querido elem.

Hasta donde se, Catch 22 es un libro/peli sobre la segunda guerra mundial...ahora su relación con las calzas como elemento indispensable para la seducción...

Elemental dijo...

Serena, podría decirse que soy un afortunado, ¿no?

Aqui... dijo...

Acabo de ponerme al dia con todo el raid, un placer volver a leerlo diariamente

salut

Elemental dijo...

Aqui, welcome back.

Serena dijo...

calzas que cubren
ojete cincelado
¿cómo resistir?

encontrado en baño de constitución

kent Brockman dijo...

Hermoso el haiku que aportás, Serena, y valiente lo tuyo arriesgándote a entrar en los baños de Constitución.

Peco de perfeccionista (¡no se me ofenda!) pero noto que el último verso es de 6 y no de 5 porque "resistir" es aguda y suma uno más. sugiero humildemente cambiarlo a "resisto" y ahí, ¡la perfección!

PD: "cincelado" es la palabra justa. aplausos.

kent Brockman dijo...

"Catch 22" es un episodio de Lost y Elemental debería saberlo.

El título de la novela que lo inspira, como bien indicó Serena, alude a que para no pilotear un vuelo de los peligrosos sólo se puede alegar insanía, pero como para alegar insanía hay que estar cuerdo no hay escape posible. Entonces una situación de la que no se puede escapar es un "catch 22".

(el del capítulo de Lost era que Desmond o permitía que Charlie muriera o Penny no llegaba a la isla).

Serena dijo...

Kent...
De todos los blogs,
De toda la internet...
justo tuvimos que encontrarnos en este.

Creo que es el inicio de una gran amistad.

Imposible ofenderme con tan cuidada corrección.
Creo que hasta me sonrojé.

Elemental dijo...

Kent, me encanta "Lost", pero de ahí a acordarme los títulos de los capítulos...

By the way, hacen una hermosa pareja.

kent Brockman dijo...

Serena,

citar Casablanca nunca falla y esta no es la excepción.

Serena dijo...

Kent, era esa o:

"Me encanta el olor del napalm por la mañana. Huele a victoria"

Me alegro de haber dado con la correcta.

(Sonrojo y sonrisa...)

Siempre tendremos a Elemental...

Gizmo dijo...

Desconocía lo de Lost, pero en fin, "Catch-22" es un novela de Joseph Heller, que en cierto sentido tiene una misma lógica absurda y paranoica al estilo "La conjura de los necios" y el inefable Ignatius J. Reilly, y como te veo en un estilo similar, pensé que la conocías, pero no importa.

Como dijo Kent, la famosa "Catch-22" es una lógica que da la apariencia de libertad de elección cuando en realidad no la hay. La vida te hace creer que tenés una elección con una nueva mujer, pero en realidad te está engrampando con otra Sonia.

Anónimo dijo...

Perdón por incurrir en intervención no deseada, pero...
el tercer verso es pentasilábico, correcto para el haiku de Serena. Sugiero repasar la lectura de su métrica, mi admirado Kent.
Vuelvo tras varios días de ostracismo saludable:
Calzas bien calzadas, seducción asegurada (qué boludez acabo de decir!!!)

Veteranísimo

Serena dijo...

Veteranísimo, gracias!
La veo complicada cuando empecemos con los sonetos...

kent Brockman dijo...

mi estimado veteranísimo,

có / mo / re / sis / tir

como es aguda suma 1 +; entonces 6.

pero basta de haikus, que se propagan como peste. un saludo a ud y a elemental que nos lee.

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