30 noviembre 2009

Notas del fin de semana


Los botineros.
Cabré estaba de muy mal humor, Valenzuela muy políticamente correcto, pero cómo la remó De Santo...
Entera, acá .



Escribió una carta a La Nación que armó quilombo...
La entrevista entera, acá .

25 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02)?: Segunda persona

Miércoles, 20 horas (aprox.).

Cogés. Cogés mucho.
Hablás, también. Hablás mucho, también.
Cogés y hablás. A veces, al mismo tiempo. A veces no. A veces sólo cogés. A veces sólo hablás. Pero por más que a veces sólo hacés lo uno o lo otro, conforman algo. No un todo. Un algo. Un algo que te da miedo ponerle nombre. Sos de esa clase de gente que, cuando está bien -y más cuando está muy bien, y aún más cuando está extraordinariamente bien- teme estar mal. Sos de esa clase de gente que asume que todo tiene un final, que todo termina, y no tenés edad para haber escuchado a Manal, es más bien una conclusión propia, amarga, amargamente propia. Sos de esa clase de gente que, de vacaciones, entre olas o caminando bajo un bosque silencioso, se pregunta por qué todo eso terminará cuando vuelva a su casa, a su trabajo. Sos de esa clase de gente que puede preguntarse, durante una obra de teatro, cómo será esa sala cuando todos los que están arriba del escenario -y los de abajo también- estén muertos, sean recuerdo, sean menos que eso, sean nada reemplaza por otra futura nada. Sos así. Por eso temés asignarle nombre al algo, que rima con galgo pero no importa, que constituye una construcción semánticamente horrible ("al algo") pero tampoco importa. Importa que temés asignarle nombre. Importa que estás disfrutando. A veces, al mismo tiempo.
Cocinás. Se lo prometiste. Cocinás en pelotas, y ella espera en pelotas. Y comen en pelotas, con la cortina abierta, y si los vecinos que están a una cuadra los ven no importa, o sí importa: mejor. Estás en ese momento donde no sólo estás bien sino donde deseás que se vea que estás bien. Estás en ese momento donde no sólo temés que todo termine sino donde deseás que no se vea que todo se terminará. Hay un momento en que te dan de comer en la boca. Hay un momento en que te dicen "qué rico" -primero es la comida que preparaste, luego un beso que te estampan-. No en ese orden. No importa.
Volvés a hablar. Ponele que inventes historia. Ponele que hayas terminado con las posibilidades que te dejaba el realismo o la verosimilitud, el costumbrismo o lo que fuera, y recurrís a otras cosas. En la cama de nuevo, abrazados, hablás de extraterrestres, de exorcistas, de vacas que hablan, de una valija con misterio contenido, de lo primero que se te viene a la cabeza.
Cogés, más.
Ven una película juntos, en la cama. El home theater lo preparaste en la mudanza, todo está preparado para quien se recuesta en esa cama, quien apoya la cabeza en la almohada. Hoy son dos. Y sigue siendo perfecto. O descubrís que hay grados de perfección, que se puede ser más perfecto.
Ves Annie Hall.
Cuando termina, te reís. Se ríen.
Se besan. Te abraza. Te dice al oído, te pregunta en verdad:
-¿Te jode si me quedo a dormir?
Y decís:
-No, claro.

24 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Otras vidas

Miércoles, 14:30 horas (aprox.).

En la cama, acostados. Fumamos.
-¿Y si hubiéramos nacido en países distintos?
Improviso. Ella en Argentina, yo en Italia. Le cuento. La forma en que crecimos. Cómo nos conocimos cuando vine a Buenos Aires por un intercambio cultural. Que nos besamos por primera vez antes de que yo hubiese podido aprender el idioma. Que ella me enseñó el castellano en las pausas entre cogidas. Que nunca perdí el acento tano. Que nuestros hijos tuvieron la doble ciudadanía.
Fumamos.
-¿Y si yo hubiese estudiado, no sé, psicología?
Improviso. Las crianzas son similares, con la diferencia de que a ella le interesan más los estudios. Nos conocemos cuando ella está en el CBC y yo aún en la secundaria. Una fiesta. Noviamos. Hace buenas migas con mi vieja -sólo porque Sonia 03 (dNS)/No Sonia 02 adquiere orientación lacaniana, de lo contrario sería imposible-. Cuando discutimos, ella interpreta todo lo que digo, primero me enoja, luego me gusta.
Fumamos.
-¿Y si yo hubiese sido deportista?
-¿Y si vos hubieras sido menos tímido?
-¿Y si yo hubiese sido paralítica?
-¿Y si vos hubieses sido millonario?
Fumamos. No sé cuánto tiempo pasa. Ella tira un planteo, yo improviso. Supongo que me repito, cada tanto. A ella, igual, parece gustarle. Mientras hablo me acaricia la barba, me relaja aún más. Mientras pregunta, me acaricia la pija. De cuando en cuando, nos besamos. Picos, fundamentalmente.
-¿Y si vos nunca hubieras escrito?
-Eso es imposible -digo.

23 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Más sexo

Miércoles, 13:30 horas (aprox.).

Estoy adentro. Estoy encima. Estoy pegado. De, de, a. Ella.
Movimientos lentos, casi inexistentes.
Ella tiene las piernas separadas, pero sólo un poco: pega su piel a la mía.
Estamos con el mayor contacto que podemos tener. Mi pija adentro suyo. Las lenguas en la boca del otro. Las manos que recorren.
Esto no es coger. Los movimientos tan lentos hace que la definición de coger no cuadre con lo que hacemos.
No sé qué es.
De hecho, no acabamos. Ninguno de los dos.
Pero es tan placentero.

22 noviembre 2009

Actores del under en la pantalla chica: prestigio y talento por un puñado de dólares



El día puede ser viernes, sábado o domingo. El sitio, una sala teatral donde las sillas son apilables, de plástico. Entre el público, pocas personas que pagaron una entrada moderada –al menos para otras salas más “comerciales”. Delante, sobre el escenario, cuando se inicia la función, actores. Simplemente actores que, en la mayoría de los casos, no sólo no cobran por su trabajo sino que muchas veces ponen dinero de su propio bolsillo con tal de que el proyecto se materialice. Como indica Verónica Llinás, quien integrara las hoy míticas Gambas Al Ajillo: “El off es hacer lo que podés con lo que tenés”.

En el extremo opuesto, los estudios de grabación de las ficciones televisivas. La expectativa de rating implica una masividad mayor, una producción más cuidada y, también, que los actores cobran por lo que hacen.
Entre un mundo y otro, los actores. O al menos cierto grupo de ellos. Muchos surgieron en los 80 en espacios como el Parakultural o el Centro Cultural Ricardo Rojas y luego pasaron por la televisión donde se hicieron conocidos. Diego Capusotto, Alfredo Casero, Carlos Belloso, Damián Dreizik, Alejandra Flechner y Verónica Llinás hicieron ese recorrido. Hoy, surge una nueva generación de actores que navegan en ambos océanos: algunos se integraron a Tratame bien, la ficción más prestigiosa de la televisión actual –Guillermo Arengo, María Alche, Martín Slipak–, otros participan incluso de tiras como la inminente Botineras –Lucas Ferraro.
La nota entera, acá .

20 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Lectura

Miércoles, 12:45 horas (aprox.).

Leo.
En lo que leo, hay dos protagonistas. Ella y yo. Lo que leo es una historia, de ahí que haya protagonistas. Lo que leo es otra historia, en verdad, de ahí que los protagonistas seamos ella y yo. Es un relato breve, dos páginas.
Habla de la infancia de ella, de la mía. En la parte que se refiere a ella, inventé de lo lindo -colegios privados, vocación por la plastilina, mentiras compulsivas que se solucionaron con la asistencia de profesionales, goce con el hockey sobre césped-, y ella se ríe -no sonríe, se ríe- con cada novedad. En la mía, casi no inventé.
Cuando promedia el escrito, ella y yo nos conocemos. En un boliche -otro elemento ficticio: jamás en mi vida hubiera podido hablar con una mujer en un boliche-, ella me veía menor -ella andaba por los 18, yo los 15- y se acercaba.
Empieza, entonces, en el escrito, en lo que leo, un romance. Ella no es virgen, él sí -ok, ahí inventé, a los quince ya me había gastado un dineral en putas-. Novian, franelean, él se queja de dolor de huevos, ella cede, cogen. Se presentan las familias. Siguen su noviazgo.
No es un relato en el que haya mucho conflicto. En ese sentido, estrictamente hablando, como cuento es una poronga. Pero se sabe que en ciertos estados, con ciertos destinatarios, sólo podemos escribir bostas, porque en definitiva la mirada del otro verá, siempre, rosas.
No hay conflictos. Sí detalles. Hablo de cómo estudiaron los dos, de cómo se apoyaron mutuamente. Hablo de viajes. Mudanzas. Convivencia. Casamiento. Hijos. Estudios de los hijos.
El relato llega hasta el punto donde ella tiene 41 y él 38. En un cajón, encuentran un escrito donde se conocen recién a esa edad, mientras él escribía un blog y ella estaba casada y tenía una semana de libertad.
Termino de leer.
Apoyo el papel sobre la hoja.
-¿Por qué escribiste eso? -pregunta.
-¿No decís siempre "ojalá nos hubiéramos conocido antes"? Bueno, al menos ahí nos conocimos antes.
Ella me mira. Seria.
Luego sonríe.
Luego me besa.

19 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Lo previsible

Miércoles, 11 horas (aprox.).

Si algo me gusta, es que las cosas sean previsibles. Nunca me gustaron las sorpresas: por lo general, no son buenas. Esto no significa que lo previsible implique que ocurrirán cosas buenas. No. Casi diría todo lo contrario. Somos seres humanos, pertenecemos al reino animal y somos animalitos previsibles. Si te pregunto tu nivel socioeconómico, dónde y qué estudiaste, qué votan tus padres o figuras paternas y de qué trabajás, sé lo que votás, qué tipo de salida preferís, esas cosas. Deduzco otras, también. Las miserias son absolutamente predecibles. Somos animalitos que suponen un libre albedrío y con esa suposición van por ahí chochos de la vida, cuando en verdad una serie de elementos invisibles -llamémoslos variables- nos atraviesan. No hay dolor, o si lo hay es en las consecuencias. Las variables nos van cerrando el campo de acción hasta que quedan una o dos opciones -no mucho más-. De hecho, cada decisión -supuesta- que tomamos acota el margen de acción posterior. A medida que crecemos las opciones son cada vez menos. Nos educamos -formal o informalmente-, y ya es posible saber bastante de nuestro futuro. Ingresamos en ámbitos laborales, y ya es posible saber aún más de nuestro futuro. Nos entregamos a relaciones amorosas, y el final está ahí, a la vista. Una de las cuestiones que siempre me dio curiosidad es la autohipnosis que desarrolla hasta el ser humano más obtuso. Los finales están ahí, decía, cualquier ojo avispado lo ve, pero a uno la mayoría de las veces le resulta imposible. Y, si lo ve, la mayoría de las veces se convence de que "en esta ocasión" logrará torcer el destino. La clave es "en esta ocasión". Esta ocasión, por lo general, es igual a todas las otras, y en las demás no se pudo torcerlo. Repetimos. Una y otra vez. Las mismas cagadas, con distintos grados de intensidad, en distintos ámbitos y con diferentes personas. Repetimos. Y que conste en actas que hablé de variables socioculturales que nos atraviesan, lo cual suena mucho más elegante que decir que somos puro instinto. Es decir, que no nos diferenciamos mucho de un perro o un ornitorrinco. Salvo que somos más feos que los primeros y más lindos que los segundos.
La cuestión, si uno quiere predecir al resto, es detectar -además de lo que enumeré arriba- qué repite. En literatura, repetir está mal. Te dicen que es feo. No sé. Habla de escasez de recursos lingüísticos, es cierto, pero habla de la condición. Una obra perfecta renuncia a la humanidad, porque somos imperfectísimos. A esta altura del partido, renuncié hace rato a construir algo perfecto, algo novedoso. Me basta con intentar detectar mis repeticiones, no para anularlas sino para mantenerlas bajo todo el control que pueda.
Entonces, decía, la cuestión para manejarse con un cierto margen de seguridad con el resto de las personas, basta con detectar reiteraciones. A partir de entonces, el mundo se vuelve predecible: las reiteraciones continuarán ahí, como planetas, y el resto girará alrededor con distintos volúmenes de trayectorias o circunferencias. El universo es la repetición, se ordena de esa forma. Cuando detectás cuáles son las repeticiones de otro, se hace previsible en casi todo el resto. O quizás exagero. O quizás es sólo mi innata y reiterativa voluntad de creer que está todo bajo control.
Pero, por ejemplo, detecté reiteraciones en ella. Poseo, entonces, una radiografía de la columna vertebral de la forma en que nos relacionamos.
Veamos.
Toca el timbre con puntualidad. La gente puntual llega con puntualidad. Los impuntuales continuarán toda su vida cagándose en quienes los esperan. Ella es puntual. Reiteración: toca el timbre con puntualidad.
Nos besamos con un pico en el hall del edificio, con un beso en el ascensor. Reiteración.
Nos desvestimos apenas entramos al departamento. Subimos las escaleras manoseándonos. Reiteración.
Hay, claro, elementos que varían. Los satélites también integran las constelaciones reiterativas. Hoy, ahora, por ejemplo, ella se da vuelta en la cama, se recuesta de costado, encoge la pierna que quedó arriba, y me dice despacio. Me ofrece despacio. Se ofrece despacio.
El resto es reiteración. Entrar y salir. Lo que varía es si algo es más apretado, si uno de maneja con mayor o menor cuidado. Repetición: besos, gemidos, palabras entrecortadas, gritos al final, abrazo.
Otra repetición: luego de coger, bajar y comer. Preparar un desayuno. Café, galletitas, esas cosas.
Pero decía al inicio que si uno detecta cuáles son las reiteraciones -en el otro, en la forma en que el otro se relaciona con nosotros y nosotros con él/ella-, uno adquiere otro margen de maniobra. A veces, sólo tenemos que esperar a que se reitere algo que sabemos se reiterará.
Dejás hablar, incluso respondés. Podría decirse que hasta te metés en la charla sobre el clima, sobre el polvo de recién, sobre la ropa que quedó en el piso.
Vivís.
Pero aguardás la reiteración. O, mejor dicho, una reiteración en particular.
Que llega.
Llega cuando ella dice, como ya dijo, "ojalá nos hubiéramos conocido antes".
Entonces sonreís. Así, como sonrío ahora. Así, provocando que ella abra un poco los ojos y te pregunte qué pasa.
Y voy hasta la impresora, saco unas hojas y digo:
-Escribí algo.
Es tu forma de que lo previsible, el universo mediocre, cambie algo. Alguito.
Es tu previsible intento de torcer el destino.

18 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Una idea

Miércoles, 2:00 horas (aprox.).

Abro los ojos.
Miro el despertador. Dormí unos quince minutos. Si se toma en cuenta el tiempo de viaje hacia el reino de Neil Gaiman, creo que no dormí nada, apenas me adormilé. Pensé en ella, en los ojos de ella, y me despabilé.
Doy vueltas en la cama. Cada vuelta, es una imagen. Sus ojos, su sonrisa, sus tetitas, su lengua. Nunca es tan claro ni tan único, pero ahí está.
Cada imagen es una vuelta en la cama, pero también cada imagen es una sensación. Las sábanas se entibian. La noche se aclara. Todas las boludeces que se puedan ocurrir suceden, ante esas imágenes.
Desconozco el motivo por el cual el enamoramiento se emparenta de tamaña forma con la boludez. La indefensión, imagino.
Acá, en esta cama, en este primer piso del duplex, en esta oscuridad, en esta noche, estoy indefenso.
Cuando estoy indefenso, en las indefensiones relacionadas con la boludez, con el enamoramiento, deseo. Deseo coger. Deseo abrazar. Deseo defender.
Cogerla. Abrazarla. Defenderla.
Hay algo, no sé, qué me empuja. Quiero ser un superhéroe. O mejor dicho: quiero ser Superman. O mejor dicho: quiero ser un superhombre. No en el sentido nietszcheano. En el sentido de un hombre que lo puede hacer todo por una mujer. Quizás mi enamoramiento es deseo de enamorarme, ganas de experimentar esta fuerza que me empuja a poder, a querer hacerlo todo en pos de alguien. Si ese alguien no está, esa fuerza tampoco.
En As Good As It Gets, Jack Nicholson le dice a Helen Hunt: " me hacés desear ser un tipo mejor". Es una de las mejores definiciones que conozco del amor, o más bien del enamoramiento.
Pienso en ella.
En qué necesita.
Se me ocurre algo.
En medio de la penumbra, me incorporo.
Hago lo único que puedo hacer.
Bajo por la escalera, en calzoncillos.
Llego al comedor.
Me siento ante la computadora. No prendí las luces. Rodeado de oscuridad, empiezo a escribir.

16 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Consejo del EMF

Martes, 23:15 horas (aprox.).

-¿Y entonces?
-Nada, nos despedimos cuando vine para acá.
-No hubieras venido, boludo.
-Me tomé vacaciones en el diario, no en los talleres.
-Por una cosa así, yo te cubro.
-Lo sé. Pero no me gusta falta si no es indispensable.
-Sos un chabón...
-Un chambón.
-Ja.
-Ja.
-¿Y garcharon tanto?
-Sí.
-Parecés Casanova.
-Es que soy un Casanova en potencia. El tema es que a él le dan pelota todas.
-¿Todas?
-Bueno, menos que a vos, pero más que a mí.
-Ah.
-¿Así está bien?
-Mejor.
-Trolo.
-Puto.
-Mariconzón.
-¿Y garcharon tanto?
-Sí, ya te dije. Sí.
-Bocha.
-Conectamos bien.
-¿Cómo?
-Que conectamos bien, por eso garchamos tanto.
-Sos un pelotudo.
-¿Qué hice, ahora?
-¿Cómo, "conectamos bien"?
-Eso, conectamos bien.
-...
-...
-Forro.
-¿Pero por qué?
-"Conectamos bien". Garchaste bien.
-Sí, eso.
-Pero no dijiste eso.
-...
-Dijiste una forrada.
-...
-Dijiste la forrada típica de cuando te enamorás.
-¿Sí?
-Sos mi amigo, te quiero, te conozco.
-Ella también me conoce.
-¿Perdón?
-¿Qué?
-¿Me lo estás diciendo en serio?
-Sí, ¿por?
-¿O sea que ella te conoce como yo, que soy tu amigo desde hace años?
-No. Es decir, es distinto. Nos estamos conociendo.
-¿Ya te contó lo que es vivir con el marido?
-No.
-Ni lo va a hacer. ¿De dónde sacaste que te conoce?
-Del mail que me mandó. Me conoce. O mejor dicho: me entiende.
-Ajá.
-En serio.
-"Conectaron".
-¿Qué?
-Forro. No aprendés más.
-En una de esas, no.
-Pero al menos garcharon bien.
-Sí.
-Listo. Disfrutalo.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Parole, parole

Martes, 17:30 horas (aprox.).

-¿Qué pensás?
-Nada.
-...
-En serio, nada.
-...
-No tengo cosquillas, ya te dije.
-No te creo, que no pensás nada.
-Pero no pienso nada.
-Vos pensás. Siempre. No te olvides que te conozco.
-¿Porque leés el blog?
-No, si creyera que te conozco por eso sería una pavota.
-¿Me estuviste investigando?
-Tonto.
-...
-Pensé en vos. Te pensé. Te conozco.
-Mirá vos.
-Y sé que nunca pensás en nada.
-Nadie, piensa nunca en nada.
-Las mujeres sí.
-Eso quieren hacer creer. Las mujeres piensan todo el tiempo, y más que los hombres.
-¿Ah, sí?
-Sí. Se queman el coco. Siempre.
-¿No es que somos boludas?
-Ni ahí. Obvio, boludas hay. Pero no porque no piensen, sino porque piensan mal, como los hombres boludos.
-Sos un feminista.
-Incomprendido.
-Tonto.
-Tonta.
-En serio, ¿qué estabas pensando?
-Uy, no hinches las bolas.
-Tenías cara rara.
-Tengo cara rara. Según Genovese, soy igual a Rob Schneider. Antes me decían que era parecido a Paul Giamatti. Tengo cara rara.
-Sos lindo.
-Atractivo.
-Lindo.
-No, linda sos vos.
-...
-...
-Rico.
-Ja.
-¿Me vas a decir qué estabas pensando?
-Y dale...
-Soy insistente, ¿te dije?
-¿Sí?
-Sí. Yo sabía que iba a coger con vos, que iba a pasar algo como esto. Lo sé desde que te empecé a leer. Fue cuestión de esperar a que se diera la oportunidad.
-Eso es ser paciente, no insistente.
-Insistente fui con mi marido para que se fuera con los chicos.
-Ah.
-Chiste.
-Entiendo.
-Dale.
-¿Pero querés que te diga lo que pensaba o querés coger?
-¿Te molesta que mientras hablamos te toque?
-No. ¿Querés hablar?
-Quiero que me digas lo que pensabas.
-...
-Tenías la cara como ahora, cuando te pregunté.
-...
-Yo sé lo que pensabas, igual.
-¿Sí?
-Lo mismo que yo.
-Mirá vos.
-...
-¿Me lo vas a decir?
-No, vos primero.
-¿Y ahora?
-Qué lindo...
-...
-Pensaba que ojalá nos hubiéramos conocido mucho antes.
-...
-Vos también, ¿no?
-...
-Querés coger.
-Sí.

¿Sonia 03 o No Sonia 02?: Más sexo (y 2)

Martes, 16:17 horas (aprox.).

Ya viste la cara del boludo. No es que sonría, tampoco me babeo -sí lo hago cuando duermo tras haber comido de más-. Los ojos. Fijate. Los ojos no engañan. Lo ves. Las pupilas, los iris, hasta el blanco que nos emparenta a todos indica que creo que este lugar, boca arriba mientras ella me cabalga, es el mejor del mundo. La piel me brilla, en cierto modo. Los rulos se erizan, pero para eso deberías aguzar los ojos.
Pero fijate.
Ella alza la cabeza que estaba colgada hacia atrás. Primero mira el techo, luego a mí.
Y tiene la misma cara de boluda.

15 noviembre 2009

La casa recomienda: "Mad men"




Nueva York, principios de la década del ´60. El fordismo y el plan Marshall comienzan a mostrar agotamiento. Lo que debía venderse por simple crecimiento económico, ya no lo hace, o no tan fácil. Surge, así, un nuevo actor socioeconómico clave: la publicidad. El producto, sea lo que sea, tiene que venderse. No importa cómo. En la Madison Avenue, en sus torres infinitas, tienen sus oficinas las mayores agencias publicitarias que comienzan a surgir como hongos. Quienes trabajan allí responden al apodo de "Mad men", es decir hombres locos pero también hombres de la Madison Avenue.
Allí trabaja Don Draper. Carilindo, exitoso, representa el sueño americano: está casado con Betty, su equivalente estético, tienen dos hijos, tiene varias amantes aunque nada escandaloso. Don tiene la capacidad de vender cualquier cosa. Pero cualquiera. Capta el inconsciente colectivo. Tiene todo bajo control, o al menos eso parece.
Si uno ve la serie, a simple vista no parece pasar mucho. Entonces: mirar bien. Los gestos, lo chocante de un mundo que ocurría casi como ahora, con algunas diferencias sutiles -la gente fuma y chupa, el cuidado de la salud todavía no es un tema de la agenda mundial, el desempleo no es una preocupación-. Todo parece en regla, pero hay que mirar bien...
La primera temporada está centrada en qué oculta Don de su pasado. La segunda , las competencias internas en la agencia de publicidad. La tercera ... es una obra maestra, lejos la mejor de todas, con un final maravilloso.
Como en su tiempo ocurrió con Los Soprano, la serie arrasa con todos los premios que se le cruzan a su paso. Es, lejos, lo mejor que se está dando en la pantalla chica en el mundo. De una sutileza que, por momentos, pareciera que los guiones hubieran sido escritos por John Cheever.
Indispensable de ver.

Leticia Bredice


Cuanto estaba por entrevistarla, una amiga mexicana me pregunta con absoluta inocencia: "¿se supone que esa chica es famosa?". La entrevista, acá .

13 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Más sexo

Martes, 16:15 horas (aprox.).

Hay polvos y polvos. Hay momentos y momentos.
Ella está ahí, arriba mío. Sube y baja, las manos apoyadas en mi pecho. Tiene la cabeza colgando, hacia atrás, aunque adivino los ojos cerrados en compensación a la boca abierta. Es un buen polvo.
Pero hay algo más.
Una mano que me saca de la escena, que me hace mirarla de lejos.
Mirá.
Estoy ahí, boca arriba. Clásico, parece. Pero fijate bien. No sólo tengo los ojos abiertos, sino que estiro el cuello para alzar la cabeza, para mirarla lo más de frente que pueda. Podría cerrar los ojos, disfrutar de la forma en que mi pija entra y sale, pero no. Fijate el gesto. Es de placer, pero es distinto.
¿Ves?
¿Ves lo que es un boludo?

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Pasados

Martes, 15:30 horas (aprox.).

-¿Qué pensás?
-Cosas.
-Ah.
-Pasados.
-...
-Son bastante parecidos, el tuyo y el mío.
-¿Sí?
-Bueno, si lo que decís en el blog es cierto, claro.
-Mi pasado es cierto.
-Entonces los tenemos parecidos.
-...
-¿Te jode que te diga eso?
-¿Por?
-Cambiaste la cara.
-No, no me jode el pasado. Me jode que me empieces a preguntar qué cosa del blog es cierta.
-Lo sé.
-¿Lo sabés?
-Lo sé. Igual, no lo dije para joderte.
-...
-Era porque tenemos pasados parecidos.
-...
-Mis viejos también se separaron, también me criaron mucho mis abuelos.
-...
-¿Te jode?
-No, no.
-Y también era un poco chapada a la antigua, por eso.
-¿Cambiaste, que eras?
-Me gustaría cambiar, por eso estoy acá.
-...
-En serio.
-Te creo.
-Mirate la cara. No me creés.
-¿Tendría que creerte?
-No vengo con trampa, Elemental.
-¿No?
-No soy una Sonia.
-¿Ah, no?
-Bah, sí. Puede ser. Esto se va a terminar en algunos días, y si querés podés escribirlo. Me va a parecer divertido, leerlo. Supongo. Y cuando lo escribas voy a ser una Sonia. Ahí sí.
-¿Y entonces?
-No soy una loca de mierda, como las que contás.
-¿Y qué sos, alguien que quiere cambiar?
-...
-¿De qué te reís?
-Tenés miedo.
-No.
-Tiene miedo, tiene miedo...
-Ya te dije, no tengo cosquillas.
-Ah.
-No tengo miedo.
-Somos parecidos. Sé que tenés miedo. Te conozco.
-¿Miedo de qué?
-De enamorarte.
-...
-...
-No tengo miedo.
-Cierto que vos sos medio kamikaze.
-¿No era que no sos una loca de mierda?
-No. No soy.
-¿Entonces?
-Entonces esto se va a terminar. Y no hay posibilidad de negociarlo.
-Ah.
-Igual, no sé si vos me querrías de novia.
-...
-¿Te imaginás? ¿Cómo me llevás a una reunión con tus amigos, si soy más grande que vos?
-...
-Sería imposible.
-Sí, pero no por eso.
-¿Y entonces?
-Lo dijiste vos: esto se va a terminar.
-Sí. Tenés razón.
-...
-...
-En otra oportunidad me hubiera encantado.
-En otra vida.
-Ja.
-Ja.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Miradas

Martes, 14:45 horas (aprox.).

Ella, en el piso, desnuda, quiere un café. Dice eso, quiero un café, y señala hacia la cocina integrada, hacia la cafetera, mientras sonríe. Me río. Le digo qué piola, tengo que hacerlo yo, y mientras lo digo ya me estoy incorporando. Voy desnudo hasta la mesada, saco el filtro, luego el tarro con café de la heladera. Mientras vierto el agua en el depósito, escucho que es mejor. Lo que escucho, exactamente, es que mejor que cogimos tan rápido, así bajamos un poco las ganas. Mientras cierro la cafetera y presiono el botón para que arranque, le pregunto para qué quiere que bajen las ganas. Para charlar, dice, ayer no hablamos casi nada. Se incorpora, camina hasta mí y me abraza por la cintura cada vez más amplia -alguna vez escuché que un periodista deportivo decía que el colombiano Mondragón, por entonces arquero de Independiente, tenía la cintura del diámetro de una pizza, y voy rumbo a eso, pero no soy arquero, y la verdad que ya me importa poco-. La beso en la frente. Nos miramos. Podría decirle que es casada, que esto es una ficción con títulos finales programados para dentro de seis días, pero en vez de eso le beso la frente y cuando nos separamos le acaricio la mejilla. Mirá si nos hubiéramos conocido antes, dice ella al cerrar los ojos y pasar la mejilla por la punta de mis dedos. Le pregunto hasta qué edad fue soltera, que es una forma elegante de preguntarle a qué edad se casó, y me dice veintidós. La abrazo. Le explico que si nos hubiéramos conocido mientras ella era soltera, lo que habría encontrado en mí era un psicobolche tan pelotudo como tímido. Ella me mira, me hubiera gustado igual, dice. Niego con la cabeza. Ella asiente con la cabeza. Pasa las manos, la punta de los dedos, por mi cintura. Busca alguna zona donde tenga cosquillas. No tengo, le digo. Cómo que no tenés, pregunta y dice todos tenemos. Me gusta reír, digo haciéndome el importante -frunzo las cejas, arqueo los labios-, pero tiene que ser con algo inteligente. Si te digo la teoría de la relatividad te reís, pregunta. Me río. Intenta de nuevo con los dedos, pero no tengo cosquillas. No vale, dice ella, tenés ventaja, me hacés reír con lo que escribís y me encontraste las cosquillas y yo con lo único que te lo puedo devolver es con la teoría de la relatividad. Nos besamos. Le acaricio las tetas. Es más un reconocimiento, un asegurarme de que siguen ahí, de que ella sigue acá, antes que preludio a otro polvo, que seguramente tendremos en un rato. Qué más te hace reír, pregunta. No le digo que los eructos y los pedos, quedaría feo. Me encojo de hombros, le digo que Groucho Marx, que Woody Allen, que Larry David, que Alex de la Iglesia, pero que todos ellos son feos y ella es muy linda. En verdad, le digo que es hermosa, y vuelvo a besarle la frente. Me agarra de las cachas del culo, las aprieta, y dice tiene que haber alguna forma en que pueda hacerte reír. Me estoy divirtiendo, le digo como para tranquilizarla. Ella pregunta si es cierto, y asiento. Me aprieta las cachas del culo, y pregunta con tono de nena si no le estoy mintiendo, y niego con la cabeza. Detrás, la cafetera indica con su silbido de serpiente que el café está listo. Nos separamos. Antes, nos miramos. No decimos nada. Como si tuviéramos miedo de hablar de más.

12 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Reencuentro

Martes, 13 horas (aprox.).

Suponete que llegás con alguien a tu depto, y que enseguida, apenas se cierra la puerta, se besan y comienzan a desvestirse. Suponete que se besan la piel, pero apenas, porque enseguida uno está adentro del otro. Suponete que el día anterior cogieron como bestias, pero ahora no están cansados, o no parecen cansados, o no quieren parecer cansados, no importa. Suponete que empiezan a garchar sobre el piso, así. Suponete que ni se toman tiempo para chuparse, ni para hablar. Suponete que acaban casi a la vez, y que se quedan tirados en el piso, con el pecho agitado.
Suponete todo eso.
Entonces, ¿qué hacés a partir de ahí?

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Preguntas

Martes, 12:30 horas (aprox).

¿Qué es lo que hace que nos enamoremos? ¿Qué es lo que lleva a que con alguna gente nos relacionemos de una forma muy distinta a la del resto? ¿Son las leyes de la atracción? ¿Quien la escribió en nuestro código genético, en nuestras inscripciones culturales que reproducimos sin preguntarnos? ¿Por qué la escribió de una forma borrosa, tan confusa como el código civil que admite cientos de acepciones? ¿Por qué esa confusión hace que a veces sintamos que nos enamoramos y otra que estamos calientes y otra que mejor alejarnos? ¿Son los mismos detonantes, impulsos? ¿Mariposas en el estómago? ¿Falta de hambre? ¿Y después? ¿Y antes? ¿Qué es lo que está primero, el huevo o la gallina? ¿Las ganas de enamorarse o que surja la persona correcta? ¿Qué ocurre cuando se da una cosa -sea cual sea- y no la otra -sea cual sea-? ¿Lo que rige la vida sentimental es la voluntad o el azar? ¿Una combinación entre ambas? ¿Cuánto nos empuja la soledad? ¿Cuánto captamos a la otra persona? ¿En qué medida el otro no es sino lo que nosotros queremos o podemos ver? ¿Cuánto vaciamos de contenido al otro, para enamorarnos? ¿De qué nos enamoramos? ¿Del otro? ¿Del deseo del otro? ¿De nosotros? ¿De poder decir al fin "no estoy solo"? ¿Por qué sentimos pánico ante la soledad? ¿Quién le lleva la prensa a la soledad, que está tan mal vista? ¿Cuánto cambiaría el mundo si la soledad no fuese considerada un flagelo? ¿Cuántos de los que hoy están con alguien seguirían estándolo, si la soledad no fuese considerada una peste macabra? ¿Por qué estar en pareja? ¿Para qué? ¿No habría que responder eso antes del con quién? ¿O es cuando surge la persona, que cabe preguntarse lo otro? ¿Estoy solo? ¿Estoy solo si hay tanta gente sola? ¿Qué significa un océano de soledades, posmodernidad? ¿Por qué si inventamos tantas cosas para apañárnoslas por nuestra cuenta, sin necesidad de nadie, la angustia continúa? ¿Si se inventase una pastillita que hiciera que todo me chupara un huevo, la tomaría? ¿Cuánto saldría? ¿Me alcanzaría el sueldo de periodista para pagarla? ¿Para qué la tomaría? ¿Quiero que todo me chupe un huevo? ¿Quiero que este minuto sea sólo este minuto y no la unión de todo mi pasado y buena parte de mi futuro? ¿Puedo evitarlo? ¿Por qué cuando suena el timbre sonrío como un pavote? ¿Por qué cuando bajo en el ascensor siento que subo? ¿Por qué cuando me ve sonríe? ¿Por qué luego de un beso breve nos abrazamos como si sintiéramos otra cosa que calentura?

11 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Pensamientos

Lunes, 23 horas (aprox.).

Cuando los novelistas se van, preparo la cena. En verdad, abro el freezer, saco una lasagna bolognesa Matarazzo, abro la caja, pincho sobre la cubierta de plástico y coloco la bandeja en el microondas. Doce minutos. No tengo ganas de cocinar. Y no porque esté cansado. Que estoy cansado. Abro la ventana, salgo al balcón, me enciendo un pucho. Ella. Qué estará haciendo. Quizás piense en mí. Quizás entre en el blog, para ver si escribí algo, aunque no es tonta: sabe que, si escribo alguna vez sobre ella (no me pidió que no lo haga, así que no es una posibilidad descartada), será cuando todo haya terminado. Si algo aprendí con No Sonia, es que todo termina. Incluso lo perfecto. Un día aparece lo imperfecto. Otro, lo rutinario. Otro, la intención de ignorar lo intolerable. Lo intolerable es siempre subjetivo. Lo que nos enamora pueda volverse simplemente insoportable. La diferencia entre virtud y defecto es tiempo. Nada más. Lo que hoy empezó y se transformó rápidamente en una etapa conejito, de sexo eléctrico, o quizás no debería decir eléctrico porque en su mayoría fue tranquilo, tanto como intenso, lo que hoy derivó en etapa conejito algún día terminará. Se supone que es parte de la madurez, aceptar que todo termina. Se supone que es crecer, resignarse. Tengo 38, y ya debería presentar algún síntoma de madurez. Es decir: ella es casada, me lleva tres años, casi no la conozco. Es decir, todo saldrá mal. Por un motivo u otro. Incluso, en el mejor de los casos, en siete días regresará su familia y con ella su rutina, su despedida. La madurez sería no meterme en esto. Esto es esto. Esto es lo que me recorría cuando la miré a los ojos mientras nos despedíamos, abajo, luego de infinitos besos. Y esto es impagable, como para que una madurez de mierda me prohíba disfrutarlo. Detrás, en la cocina integrada, suena la alarma del microondas. La cena está lista.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Final del primer día

Lunes, 19 horas (aprox.).

-¿Y te tomaste vacaciones-vacaciones?
-En el diario sí, la semana entera. Los talleres no.
-¿Y cuándo das?
-Uno en un rato, acá. Otro mañana, otros el sábado.
-¿Todos acá?
-No, acá sólo el de hoy.
-...
-Si querés, podés ir a dar una vuelta y después volvés y cenamos. Pedimos, no me da para cocinar.
-No, dejá, está bien. Por hoy, está bien.
-¿Por hoy?
-Por hoy.
-...
-Ya te dije que tengo una semana de libertad.
-¿Cuándo vuelven?
-El lunes que viene a la mañana.
-¿Y a dónde se fueron?
-A lo de unos familiares de él... Igual, de eso no vamos a hablar.
-Cierto, disculpá.
-No, tonto. No es porque me joda. Es que quiero disfrutar de esto.
-¿Esto?
-Esta.
-Ya no creo que se despierte hasta dentro de un rato.
-¿Te cansé?
-Un poco.
-Mejor.
-¿Mejor?
-¿Para mañana estarás descansado?
-Obvio.
-¿A qué hora te parece?
-A la mañana doy taller... Puede ser tipo a la una.
-¿A la una acá?
-Sí, claro, no hay drama.
-¿No hay drama?
-Tonta. Me gustaría.
-¿Sólo eso?
-Estaría bueno.
-Buenísimo, va a estar.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Más sexo

Lunes, 18 horas (aprox.).

Ambos estamos de costado, pero ya lo hicimos cucharita y me gustaría otra cosa. Le beso el cuello, luego el hombro, y presiono con el mentón como para que ella gire hacia mí. Llevo una mano hacia su entrepierna, ya está tibia. Ella me besa el cuello. Estiro un brazo hacia la mesita de luz, me pongo el forro. Subo. Ella tiene sus piernas bien separadas. Entro. En otra situación, una usual por así decirlo, mientras ella me toma la cintura con las piernas yo mantendría los brazos estirados, apoyándome en mis manos. De hecho, empiezo así. Pero no. Algo me impulsa a tener todo el contacto posible con ella. Me dejo caer -con cuidado, tampoco voy a aplastarla-, las pieles se rozan. La beso. Nos besamos mientras bombeo despacio, así, pegados hasta terminar.

10 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Lo que no fue

Lunes, 17:45 horas (aprox.).

Seguimos abrazados, cucharita. Hay algún momento en que cabeceo, otros en que creo que ella se queda dormida. De cuando en cuando, los dos estamos despiertos. Yo me doy cuenta porque ella se refriega contra mi chota con más insistencia, con otras intenciones que la tibieza. No sé cómo se da cuenta ella. No nos vemos las caras.
-Es lindo, vivir solo, ¿no? -pregunta en un momento.
-Tiene sus cosas.
-No tenés horarios.
-Tengo el horario del trabajo.
-No, me refiero a la casa. Comés cuando querés, te dormís cuando querés.
-Ah, eso. No. No tengo.
-Es lindo.
-¿Nunca viviste sola?
-Me casé muy pendeja. Bah, no muy. Pendeja.
-...
-¿Por qué no estás en pareja?
-Muchas cosas.
-A ver...
-Primero, no hay ninguna interesada.
-Dale, no seas pelotudo. Falsa modestia no.
-No es falsa modestia. Es.
-¿Tengo que hacer como que te creo?
-No seas boluda.
-Soy, nene, soy.
-¿Nene?
-Nene. Soy más grande que vos.
-No tanto.
-Suficiente.
-Uf.
-Entonces. Lo primero, una pelotudez. ¿Lo segundo?
-Bueno, no estoy enamorado.
-Ah.
-¿Eso tampoco me lo creés?
-¿Si no estás enamorado no estás en pareja?
-Bueno, eso es medio obvio, ¿no?
-Debería, pero no.
-¿Debería?
-¿Y eso?
-¿Esto?
-Sí.
-Vos me ponés así.
-Lindo.
-¿Debería ser obvio, que al no estar enamorado no estás en pareja?
-Cogeme.
-¿Qué?
-Ahora. Metela.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Dirty Dancing

Lunes, 17 horas (aprox.).

Estamos en la cama, y ella de repente se incorpora. Baja. Supongo que al baño. Escucho el chasquido de plásticos. Alzo la cabeza, miro hacia el piso de abajo, y descubro que ella está ante la computadora.
-¿Qué hacés? -pregunto.
No me gusta que me toquen la computadora. No sé si lo dije.
-Ya vas a ver -dice.
Ya veo. Oigo, en verdad. Puso alguna página de YouTube. Un tema musical. No tengo la más remota idea de quien es.
Sube las escaleras corriendo, descalza, desnuda. Se tira sobre la cama. Cae sobre mí. Lanzo un bufido que mezcla sorpresa y risa.
-¿Te gusta? -pregunta.
-¿Qué cosa?
-La música, nene.
Cierro los ojos. Escucho. La verdad, ni fu ni fa. Me hace acordar al tema de Bagdad Cafe, un aire de melancolía prefabricado que vaya uno a saber por qué se transformó en hito a fines de los ochenta o principios de los noventa, quizás porque por entonces todo estaba en condiciones de transformarse en mito con la misma certeza de que ahora nada lo está.
-Lindo -digo.
Ella lanza una carcajada.
-¡No te gusta, hijo de puta!
-Bueno, la verdad que no... Es decir, no es que no me guste, pero no me atrae.
-Ajá -entrecierra los ojos, tiene una media sonrisa.
-La música no me atrae tanto, la verdad. En otro tiempo sí, ahora no. Quizás el jazz cantado, pero no sé.
-Vos te lo perdés.
Se recuesta sobre la cama. Me da la espalda, pero pega su cuerpo al mío. De fondo, la canción esa no deja de repetirse. Me da un poco de tristeza, la verdad.
-¿No me vas a decir que me tendría que gustar la música? -pregunto.
-¿Por qué? ¿Te pondrías a prohibir la música?
-No.
-Entonces es cosa tuya.
Giro hacia ella. La abrazo.
Así, la tristeza de la canción pareciera alejarse.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Más sexo (y 2)

Lunes, 16:10 horas (aprox.)

Ella se incorpora. Se sienta sobre mis piernas. Se acerca. Primero, sus tetas chocan con mi pecho. En simultáneo, sus labios chocan con los míos. Puede decirse exactamente eso: nuestros cuerpos chocan. O, mejor dicho, el de ella choca contra el mío. Refriega sus tetas contra mi pecho, contra los pelos de mi pecho. Su lengua explora en mi boca. Mi pija no tarda en responder, en especial cuando comienzo a percibir el calor de su entrepierna, la humedad, sus pendejos que pinchan con suavidad, que se enredan. Se detiene, se separa un poco, se incorpora.
-Esperá acá -dice-. No te muevas.
Sube la escalera corriendo. Tarda unos segundos, baja corriendo. Trae forros. Me coloca uno. Luego, vuelve a la posición anterior. Mueve la cintura hacia adelante y atrás, refriega la concha contra mi pija. Su lengua entra en mi boca, pero también sus gemidos cada vez más frecuentes. Le acaricio las piernas, y ella separa su cabeza de la mía, la aleja hasta que sus tetas quedan a mi disposición. Chupo. Paso la lengua, succiono y sus pezones se endurecen al tiempo que, abajo, se refriega con mayor violencia. La tomo de las cachas del culo, aprovecho que es pequeña y la levanto apenas. Ella entiende, abre más las piernas y cuando la suelto, despacio, ella hace que todo entre donde tiene que entrar. El calor que rodea mi pija es aún más grande que el de su piel, que vuelve a estar en contacto con la mía.
-No te muevas -dice-, dejame a mí.
La dejo a ella.
Primero se queda quieta, como si disfrutara de esa inmovilidad, o como si deseara comprobar cuán adentro llega la pija. Sonríe. Me pasa una mano por las mejillas, una caricia que parece ser un premio, o un reconocimiento, o no sé. Luego, comienza a moverse. No hacia abajo y arriba, sino adelante y atrás. Cuando retrocede, se las ingenia para que su clítoris roce mi pubis. Cada pelo ensortijado lo siente. Gimo. Ella también. Tiene la cara roja. Supongo que yo también.
-No te muevas, eh -insiste.
Empieza a acelerar. Adelante y atrás. Nunca arriba y abajo. Hay un instante en que se mueve a los costados. Hace que la pija toque todas las paredes de su interior, y sonríe. Sus movimientos son seguros, tanto que no me atrevo a desobedecer. Me quedo quieto.
-¿Te diste cuenta de que encaja perfecto? -me dice, pura sonrisa.
-¿Ya me puedo mover?
Asiente.
La tomo de las cachas del culo. Presiono. Ella lanza un gritito. Mis manos demarcan el ritmo y la dirección. Arriba y abajo, primero despacio y luego fuerte. Luego no necesito demarcar nada. Ella salta, y no tarda en gritar con la cara pegada a mi pecho.
Se queda quieta.
Estiro las piernas, como para indicarle que salga. Sale, baja hasta el piso. Me espera boca arriba. Caigo sobre ella. Entro. Me rodea con las piernas.
-Dale, hijo de puta -dice.
Me muevo. Y no tardo prácticamente nada. Me quedo sobre ella, que me sigue rodeando la cintura con sus piernas.
Nuestra respiración tarda en serenarse.

09 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Más sexo

Lunes, 15:45 horas (aprox.).

Comienza por mis pies. Arrodillada, como si me adorase. Los besa. Luego, los lame mientras los acaricia. Yo estoy sentado. Los toma con las manos, y separa mis pies del piso. Me besa y lame los tobillos, ambos, y a medida que sube con su lengua se acomoda de forma tal que las piernas avanzan sobre sus hombros y luego caen en su espalda. Estoy a punto de hacer un chiste sobre la postura relativamente sumisa, algo de feminismo y machismo, pero me quedo callado. Quiero que siga. Sigue. Mi pija está parada desde antes de que me besase los pies, diría que se despertó en el mismo instante en que ella se dejó caer de la silla. Besa mis huevos, luego la pija. Besos secos. Saca la lengua. La pasa como si tomara un helado. Cierro los ojos. Llevo una mano a sus lacios pelos negros. No quiero marcarle el ritmo, no hace falta, sino acariciarla. Me calienta, acariciar. Le acaricio el pelo, y ella sigue. De cuando en cuando se mete la pija en la boca. Entra íntegra, sale bañada de saliva, y ella pasa a las bolas. Así un buen rato. En un momento, aprovecha la posición, mis piernas alzadas, los pies en sus hombros, y va un poco más abajo. La punta de la lengua en el ojete me hace unas cosquillas placenteras. La punta de la lengua que se abre paso ya no son cosquillas, pero sí es placentero. Dejo caer la cabeza hacia atrás. Creo que gimo. No lo sé. Sólo siento su boca que vuelve a subir a mis huevos, luego a mi pija y la traga, la succiona. Sólo siento la punta de un dedo que empuja, apenas, y comienza a entrar. La succión es fuerte, siento como si la pija fuera a desprenderse de mi cuerpo, o como si mi cuerpo ya no me importase, como si sólo fuera, yo, este conjunto de sensaciones, no hay un yo, hay un esto. El dedo entra y sale, apenas, hay un leve dolor que enseguida desaparece a manos de la succión cada vez más firme. Minutos después, o puede que sean segundos, u horas, alzo la cabeza para pedirle que pare. Ella me mira, desde abajo, con la pija dentro de su boca. Su respuesta es que succiona más fuerte y el dedo se mueve más rápido. Mi respuesta es que las manos que le acariciaban el pelo se aferran a su cabeza como si fuese el último punto que me sostiene en este plano, en esta realidad. Siento las piernas adormecidas, temblorosas. Grito. Grito fuerte. Ella separa la boca de mi pija, un hilo viscoso nos sigue uniendo. Sonríe.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Un café.

Lunes. 15: 30 horas (aprox.).

Coloco el filtro en la cafetera. El café en el filtro, el agua en el depósito.
(Nunca compren una express: la mía ya se rompió, con dos meses de uso, por el fucking plástico, y tuve que comprar otra)
Ella está sentada a la mesa, desnuda como yo. Las cortinas están corridas, nadie puede vernos.
(Cortinas romanas, muy prácticas de instalar y de subir y bajar, altamente recomendables)
Camino hasta ella, le doy un pico. Me siento a su lado.
(Queda muy fea, la expresión "a su lado", porque se confunde con "azulado")
-¿No trabajás?
-Me pedí una semana de vacaciones. ¿Vos?
-No trabajo. Soy ama de casa.
-¿Y por qué esa cara?
-Porque no quería ser ama de casa. Una cosa fue llevando a la otra.
-Entiendo.
-Qué bueno, porque yo no.
La cafetera avisa que ya está. Me incorporo, sirvo dos tazas.
(De cerámica, las venden en cualquier bazar, que vaya uno a saber por qué ya no los llaman bazares, quizás por miedo a las raíces arábigas del término, quizás porque queremos seguir creyendo que se puede comprar todo por dos pesos)
Llevo las tazas a la mesa. Vuelvo a mi lugar.
-¿Me abrazás?
-Claro.
La abrazo. Ella apoya el mentón en mi hombro. Su perfume, cítrico, perdura pese a lo que transpiramos.
-Tengo siete días para disfrutarte, entonces -dice.
-Sí.
-Algunas reglas.
-¿Reglas?
-Reglas.
-Bueno.
-Primero, esto se termina en siete días, pase lo que pase.
-Ajá.
-Segundo, hagamos de cuenta como si no fueran siete días.
-Ajá.
-Tercero, no me preguntes de mi vida de mierda.
-¿Y de dónde sacaste que tu vida es una mierda?
-Cuarto, no me trates de convencer de que tengo una buena vida.
-¿Y entonces de qué podemos hablar?
-Quinto, hablamos de lo que queramos, nos olvidamos de lo que hay en el mundo aparte de nosotros.
-Ajá.
-Sexto, cogemos mucho.
-Ajá.
-...
-¿De qué te reís?
-Sé lo que pensás.
-¿Ah, sí? ¿Y qué pienso?
-"Quizás no quiero estar siete días con esta mina", pensás.
-¿Y qué pasa, si pienso eso?
-Te convenzo de lo contrario.
Se deja caer de la silla. Se arrodilla ante mí.
Ok, se viene el porno. Otra vez.

06 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Risas

Lunes, 15 horas (Aprox.).

Estoy acostado boca arriba, desnudo. Ella está también recostada, en dirección inversa. Tiene la cabeza apoyada en mi panza. Juega con mis pelos, los enreda entre sus dedos.
-Sabía que la iba a pasar bien -dice.
-En cierto sentido, yo también.
-Pero si vos no sabías casi nada de mí.
-No tan poco. Soy como vos: sé leer entre líneas.
-¿Ah, sí?
-Sí.
-No te voy a preguntar qué dedujiste.
-Mejor. La última vez que lo hicieron después salió todo mal.
-No puedo creer que no tengas suerte con las mujeres.
-Es que no sé si es que no tengo suerte.
-¿Ah, no?
-No. O no necesariamente. A veces sí, pero otras...
-¿Esta vez a cuál grupo corresponde?
-Por ahora, a las de buena suerte.
-¿Por ahora?
-Por ahora.
-Eso es lo que me gusta de leerte. Si se presta atención, una va viendo cómo cambiás. Cambiás todo el tiempo.
-Sigo siendo el mismo cabeza dura.
-Sí, eso sí.
-¿Cómo que eso sí?
-Eso sí. Si te vas a tirar abajo para que te levante el ego, vas mal... ¿De qué te reís?
-Sos divina.
-Soy vieja.
-Cuarenta y uno no es vieja.
-No puedo cambiar mi vida. Eso significa que soy vieja.
-¿Y quién te dijo que no podés cambiar tu vida?
-No quiero hablar de eso.
-Perdón.
-Todo bien. ¿Te gusto?
-¿Qué te parece?
-Tonto.
-Si te vas a tirar abajo para que te levante el ego, vas mal.
-Ah, sos vengativo.
-Por supuesto.
-Mejor.
-¿Mejor?
-Tenés memoria. Te vas a acordar de esto.
-Supongo que sí.
-¿Ves? Estás cambiado.
-¿Te parece que tanto?
-Sí, me parece. ¿Te gusto? ¿Soy como esperabas?
-Sos hermosa.
-Vos también.
-¿Soy como esperabas?
-Bueno, siempre decís que sos panzón... Pero no me imaginaba esta almohada tan mullidita.
La miro. Sonrío. Inspiro, e hincho la panza. Su cabeza sube. Sonríe. Luego, rápido, me incorporo y ella cae sobre el colchón sin tiempo para reaccionar.
-Te dije que soy vengativo -digo.
-Mejor -dice.
Empiezo a hacerle cosquillas.
Nos reímos.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Sexo (y 3)

Lunes, 13:50 horas (aprox.).

Ella gira, me da la espalda. Está apoyada en su costado izquierdo, yo detrás de ella. La abrazo y le acaricio las piernas, la cintura delgada. Le beso el cuello.
-¿No me vas a preguntar si me gustó? -pregunta.
No veo su rostro, pero estoy seguro de que sonríe, la boca muy pegada a la almohada. Le pellizco una teta con delicadeza, la piel fina se estira entre mis dedos y ella susurra un "malo" cuyo tono quiere decir cualquier cosa menos eso. Arquea la espalda, retrasa el culo y comienza a refregarlo lentamente contra mi pija. Siento humedad en la punta. Estiro un brazo hacia atrás, hacia la mesita de luz, y tomo la caja de forros. La abro, saco uno, me lo pongo. Ella tira la mano hacia atrás, me acaricia las piernas. Cuando estoy listo, le tomo el mentón y la giro hacia mí. La beso. Ella dobla la pierna derecha, queda abierta. Tomo la pija con la mano, la dirijo. Puerteo apenas, a través del plástico puedo sentir la humedad, y entro. Pronto llego al final.
Nos quedamos quietos. Unos segundos, o minutos, o lo que fuera este tiempo que se estira. Estoy dentro de ella, y la abrazo desde atrás, y nos quedamos quietos. No me dice que soy dulce, ni que le gusta lo que hago. No le digo que me gusta, ni que me siento particularmente bien. De cuando en cuando le beso el cuello, o la mejilla. De cuando en cuando le acaricio las tetas, las presiono, las suelto.
Hay un instante en que ella mueve la cintura. Es un aviso. La imito. No nos movemos hacia adelante y atrás sino a los costados, como si deseáramos explorar hasta dónde llega nuestro contacto. Ella gime. Yo también. Por más que todo transcurra en cámara lenta.
Llevo mi mano hacia abajo, para tocarla, pero descubro que ella ya lo está haciendo. Entrelazo mis dedos con los suyos, y entre los dos continuamos.
No sé el tiempo. No es que hagamos mucho más. Es eso, siempre, en forma constante, continuada. Una lentitud que gana en intensidad porque es cada vez más despacio, y cada vez nuestras pieles, nuestros cuerpos, están más en contacto.
Acabar en silencio, como muriendo.
O todo lo contrario.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Sexo (2)

Lunes, 13:30 horas (aprox.).

-Despacio, ¿sí? -dice.
O quizás propone. U ordena. O ruega. No importa.
Lo hago despacio.
Ella tiene las piernas abiertas. Su pubis es una delgada línea recta de pelos tan cortos como, supongo si crecieran, ondulados. Sus labios son contundentes, con un tono levemente rosado hacia el centro. Los separo con el índice y el mayor. Ella suspira, y separa más las piernas. Son cortas pero de líneas firmes. Tiene los pies pequeños, casi diría diminutos.
-Despacio, ¿sí? -repite.
Me tomo mi tiempo, entonces. Mantengo los labios separados, el botón que sobresale y casi corcovea, y mientras le beso la parte interior de las piernas. Sólo los labios. Primero. La punta de la lengua. Después. Alterno entre una pierna y otra. Besos. Una mano mantiene sus labios separados, la otra, el índice y el pulgar de la otra, comienzan a explorar. Primero la presentación de su ingreso. Luego, la punta del índice adentro y el pulgar que llega a su clítoris. El pulgar hace un movimiento circular, los músculos de sus piernas se tensan. El índice entra, primero una falange, luego otra, luego sale, luego vuelve a entrar hasta el fondo. Sus tetas, veo desde abajo, se mueven a un ritmo irregular. No gime, suspira. Una y otra vez.
-Despacio -insiste.
Beso el clítoris. Un beso infantil, un piquito. Luego, succiono levemente. Comienza a sobresalir. Comienza a agitarse su respiración. Delineo el contorno con la punta de la lengua. La punta del clítoris con la punta de la lengua. El índice inicia su movimiento de ingreso y salida, como si estuviera indeciso aunque todo lo contrario. El pulgar, entonces, cuando comienzo con el movimiento de paleta con la lengua, se acerca a su ojete. Lo acaricia sin ninguna intención de entrar. Cierro los ojos para concentrarme. Ella tiene las piernas tan separadas que sólo puede significar una invitación a que yo haga lo que quiera, que casi seguro es lo que ella quiere. Succiono, entonces, una vez más. El índice recorre sus paredes internas, descubre la zona rugosa, exactamente a la altura del clítoris pero del lado de adentro. Con el dedo acaricio, con los labios succiono y alterno con lamidas. La beso. Le beso la concha. No necesito chupar. Un beso de lengua, que la recorre mientras el dedo acaricia con más velocidad y su respiración ya es una máquina descontrolada.
-Fuerte -dice.
Fuerte, entonces. La paleteo, el índice acaricia y el pulgar empieza a entrar.
Ella grita. Un grito ahogado.
Ella tiembla.
Me recuesto junto a ella.
Le beso, y le acaricio las mejillas enrojecidas.

05 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Sexo

Lunes, 13 horas (aprox.).

Entramos al edificio.
-Tal como lo imaginé -dice ella mientras camina por el hall y mira las paredes, la puerta del ascensor.
Subimos, marco el piso, y subimos. Mientras el motor ronronea, nos quedamos mirándonos a los ojos. Es la primera vez. Ella, que es bajita, lleva su mano hasta mi mejilla y acaricia. Me mira a los ojos, y sus dedos sobrevuelan mi barba, mi oreja. El ascensor se detiene. Salimos.
Mientras introduzco la llave en la cerradura, siento una mano en mi culo. Es como si ella deseara reconocerme con las manos. Inició con la cara en el ascensor, ahora el culo, y va hacia adelante por debajo.
Abro la puerta. Le hago un gesto para que pase primero, y ella niega con la cabeza. Paso. Enseguida, siento la puerta que se cierra detrás. Intento girar, pero sus manos me inmovilizan por los hombros. Ya lo dije: pareciera que deseara reconocerme con los dedos. Siento cómo toma mi pecho, como pega su cuerpo al mío.
-La cama está arriba, ¿no? -pregunta.
Asiento.
Me dice que suba.
Obedezco.
Detrás, los pasos de ella sobre los escalones de madera.
Cuando llego arriba y trato de girar, ella vuelve a detenerme.
-Esperá -dice-. Ya me diste bastante con lo que leí. Te quiero dar un poco yo.
Así, de pie, ella detrás mío, me desabrocha el cinturón, los botones de la camisa. No me resta otra alternativa que tirar la cabeza hacia atrás. La diferencia de estatura hace que, aunque ella tiene su cuerpo pegado a mi espalda, no llego a tocar su cabeza. Pronto, mi pantalón cae. También la camisa. El saco quedó abajo, sobre la mesa. Pronto, descubro que ella también se sacó la camisa, porque sus tetas cubiertas de la suave tela del corpiño comienzan a recorrer mi espalda mientras sus manos juegan con los pelos de mi pecho.
No sé si lo dije alguna vez, pero puedo estar horas dejando que me acaricien.
No sé si son horas, no sé si deberían serlo, pero ella se agacha, desabrocha mis zapatillas, mueve mis piernas para descalzarme, me termina de quitar el pantalón y me empuja sobre la cama. Caigo boca abajo, en calzoncillos. El colchón se mueve, ella se acaba de subir. Acepto el juego: no quiere que la mire. No lo hago. Cuando sus labios se apoyan en mis pantorrillas, cierro los ojos.
-¿En cuál pierna tuviste la trombosis? -pregunta.
-La izquierda -digo.
Besa mi pierna izquierda, entonces. Primero con los labios juntos, luego los separa para que la lengua asome, para comenzar a entibiarme con su saliva. Mientras me besa, me lame, me chupa, acaricia mis pies. Cuando sube, sus tetas entran en contacto. Me saca el calzoncillo, tiene cancha. El siguiente punto de su itinerario es mi cola. No el culo, la cola. Besa una cacha. La otra. Inicia el mismo proceso que en mis pantorrillas. Besa, lame, chupa. Agrega mordidas. Se me pone la piel de gallina. Muevo involuntariamente las piernas, un acto reflejo, y la derecha encuentra la húmeda tibieza de su entrepierna. Mi cola está caliente, ella separa las nalgas. No sé si le divierte la posibilidad de que me resista, o disfruta el haber acertado ante su sospecha de que yo iba a entregarme por completo. Me besa el culo. Un beso seco, seguido de la lengua que juega con mi ojete. No me queda otra alternativa que alzar la cintura: mi pija se despertó por completo.
-Ponete en cuatro -me dice.
Obedezco.
Sus besos suben por mi espalda. Sus manos me toman la cintura. Sus tetas pasan por mis cachas, y suben.
Lo más fácil, para ella, ahora, sería probar lo del dedo en el culo. No le gusta lo sencillo.
Está sobre mis espaldas, sus tetas pegadas. Los rulos de su pubis me raspan las cachas. Mueve la cintura, como si me estuviese cogiendo. Alzo el culo.
-Te gusta -dice, y no pregunta.
Con una mano me acaricia el pecho. Con la otra, baja hasta mi pija. Sus dedos recorren, comprueban la dureza. Su mano la toma, mientras continúa refregando su concha contra mi culo.
-No voy a chuparte -dice, y me muerde la espalda.
Supongo que ya descubrió mi tatuaje. No dijo nada. Mejor.
Mientras simula cogerme, gime. Mientras gime, me pajea. Primero despacio. Después no. No tardo en caer rendido sobre el colchón, luego de lanzar un grito como hace tiempo que no emitía. Ella cae sobre mí. Su cuerpo está caliente.
-Te dije que primero te iba a devolver algo de lo que me diste -dice, y me besa la nuca.
Giro la cabeza.
Entonces sí. Por primera vez, nuestros labios entran en contacto. Y sus tetas -pequeñas, duras- se siguen refregando contra mi espalda.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Caminata

Lunes (cont.).

-Vamos a casa, ¿no?
Ella asiente. Sonríe, también, como si hubiera pensado lo mismo, como si le gustara que yo haya pensado exactamente eso y me haya atrevido a plantearlo.
Empezamos a caminar. Nos separan dos cuadras y monedas, y ya siento mi pija que empieza a despertarse.
-Imaginé que ibas a ser directo -dice.
Me encojo de hombros.
-¿Te hiciste mucho la cabeza, con cómo era yo? -pregunta.
-¿La verdad? No.
-Bien.
Damos algunos pasos en silencio. Enseguida, ella dice.
-No tenía sentido que te mandara una foto o esas cosas. Te leí, ya sé cómo te gustan las minas. O mejor dicho, ya sé cómo no te gustan. Además, ¿para qué mandarte una foto, si todos sabemos que en estas cosas la gente manda imágenes del año del pedo?
-Eso es cierto.
-Tan cierto como que me calentás mucho.
La miro de reojo.
-Dale, no te hagas el vergonzoso que te gusta que te digan eso. Me caliento leyéndote.
-¿En serio?
-No te hagas el pelotudo. Sabés que la gente se calienta con las partes porno. Igual, lo que me calienta no son las partes porno.
-¿Ah, no?
Niega con la cabeza.
-Me calienta imaginarte escribiendo eso, con el deseo de que quienes te leen se calienten. No me importa lo que contás, me importa imaginarte cuando lo contás.
Suspiro.
-Estaba segura de que no te iba a joder que soy mayor que vos.
-¿Segura?
-No se trata de que no te importe lo físico. No sos pelotudo: te importa. Pero no te importa el envase. Con que te guste, está bien. No te importa lo que piensen de lo que te gusta. Eso también me calienta.
Termino mi cigarrillo. Lo arrojo a la calle.
-Parece que sabés mucho de mí -digo, un tanto sonrojado-. Es como si me estuvieras desnudando.
Niega con la cabeza.
-Eso cuando lleguemos a tu depto.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: El encuentro

Lunes.

Despertarme -la boca entreabierta, un hilo de baba, creo que tengo acidez o me estoy homerosimpsonizando a velocidad alarmante-, bañarme, chequear mails, mirar el celular. Por lo general, cuando estoy por encontrarme por primera vez con una mujer me secuestra una sensación de que ella no vendrá, que habrá un mensaje a último momento que indica que mejor no, o alguna excusa por el estilo. Hoy, en cambio, mientras me pongo la crema en las bolsas ante el espejo, descubro con placentera sorpresa que no. Si algo me recorre, es la idea de que todo saldrá bien. Elijo la ropa: jean, zapatillas, camisa negra -el negro es indicado como básico, según el Editor, y además sirve para achicar la panza, agrego yo-, el saco de corderoy que está arrugadísimo y no tengo ninguna gana de enviar a la tintorería. Otra sensación inusual: no tengo ganas de producirme especialmente, quiero que ella me vea sin arreglos, casi sin acomodar mis rulos -tampoco voy a decir que los peino, pero cada tanto, luego de bañarme, si me agarra la loca, los toqueteo para que tengan cierta forma-. Ella escribió, y en el mail daba cuenta de que me entendía. Y si me entiende, no hay nada que disimular, ni simular, ni aparentar, ni nada. Ella quiere verme tal cual soy, porque pudo leerme tal cual soy. Y me tendrá tal cual soy. Me pongo perfume y me lavo los dientes. Tampoco la pavada.
Salgo a la calle. Camino las dos cuadras que me separan del Abasto. Quedamos a las 12, son 12 menos cinco. Otra particularidad: no voy a llegar temprano, no me voy a dedicar a devanarme los sesos preguntándome las posibilidades del encuentro, cómo debería decodificar cada uno de sus gestos iniciales.
Quedamos en la escalinata que da al Coto. Creo que es la misma donde se reúnen los cumbios, o seguidores de twitter, o cualquiera de esas pelotudeces. Este mediodía, en cambio, lo que ocurrirá no será ninguna pelotudez. Lo sé.
Me enciendo un cigarrillo. Camino tranquilo.
En uno de los bordes de la escalera, hay una mujer sentada. Mira en mi dirección mientras fuma un cigarrillo. Es ella. Delgada, pelo negro, lacio, largo. Viste una camisa blanca larga, debajo calzas negras, y botas. Tiene una cartera negra, del lado de la calle -ya le diré que en esta zona es mejor tenerla del lado contrario a la calle-. Estoy a mitad de cuadra, pero nos reconocemos. Ella alza la mano y me saluda. La imito. Sonríe.
A medida que me acerco, distingo sus ojos negros, reconozco que -por más que la camisa blanca es holgadísima- es delgada. No digo que no aparente sus cuarenta y uno. Digo que los lleva espléndidamente. Por eso digo que en general no me importa la edad, sino cómo la llevan.
Cruzo. Ella se incorpora. Me acerco.
-Hola -digo.
-Hola -dice.
Nos saludamos con un beso en la mejilla.
En el saludo, apoyo una mano en su espalda.
Sólo necesitamos eso.
Cuando me separo, mi mano sigue en su espalda y ella sonríe.
Es obvio que lo que ambos deseamos, en este momento, es coger. Cogernos uno al otro.

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: Preparativos

Domingo.

Mayormente, duermo. Sueño, pero no recuerdo lo que soñé. Despierto con la boca entreabierta, los ojos aún cubiertos de una pátina de arena. Pienso que si yo fuera Neil Gaiman recordaría la leyenda del arenero que arroja granos sobre quienes duermen para alimentar sus sueños, y transformaría eso en una historieta inmortal como Sandman. Pero no. No soy Gaiman. Soy esto que se levanta de la cama, semierecto, que apoya los pies en la alfombra y se acuerda de Bruce Willis en Duro de matar: cuando empieza la película, él está llegando a Los Ángeles en avión desde Nueva York, nervioso porque va a reencontrarse con su mujer -la misma que luego será una de las rehenes en la torre de capitales japoneses (¿alguien recuerda esos años en que todo occidente creía que Japón se iba a comer el mundo porque eran adictos al trabajo? ¿alguien recuerda que se suponía que los chinos iban a pagar nuestra deuda externa? ¿por qué inventamos tanta leyenda pelotuda, y por qué las anclamos en oriente? ¿es el último reducto de desconocimiento que resta?)-, y su compañero de asiento le pregunta si le tiene miedo a los aviones a lo que Bruce/Mc Clane -en lo que era su primer protagónico de peso en cine luego de la extraordinaria serie Moonlighting, y sería durante mucho tiempo su mejor papel, hasta que llegara la hora de El último boy scout y, sí, se bajara la persiana: no hay mejor papel para Willis, nunca más, porque es inmejorable, es perfecto, el papel y la película-, y Bruce le dice que sí, con timidez, y el tipo le cuenta algo a modo de secreto -que cuando llegue al hotel se quite los zapatos y las medias y apoye la planta del pie en la alfombra y mueva los dedos-, y cuando Bruce/Mc Clane lo hace sonríe, recordando al tipo, y dice "hijo de puta". Nunca supe por qué decía eso, cuál era el efecto. Durante un tiempo imaginé que eso te provocaba una erección, pero lo sospechaba sólo porque por entonces andaba por los veinte años y creía que todo se relacionaba con el sexo -ahora, a los treinta y ocho, sé que todo se relaciona con el sexo pero también con el poder-.
Bajo por la escalera, me pregunto qué me deparará el día de mañana. Con ¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02? acordamos no escribirnos mails. No sólo porque hasta hoy a la medianoche su marido sigue en Buenos Aires, sino porque los dos sabemos que si los mails se estiran y el encuentro no se concreta, comienza un crescendo de expectativas, histérico sexo virtual y fantasías erótico-amorosas que dificultan el encuentro con lo real.
Compro el diario, desayuno.
Leo, pero no leo.
Me pregunto cómo hizo ella para entenderme. No le pifió en nada, en lo que me escribió. Sabía exactamente qué partes del blog eran mentira, qué era cierto y, fundamentalmente, dedujo con certeza quirúrgica lo que no cuento. A medida que la leía, me recorría una tibieza. Muy distinta a la calentura. Que también. Pero era una tibieza como si sus dos brazos me rodearan y presionaran con fuerza.
Releo el mail. Admiro su perfección. Envidio su estilo. Sonrío.
Me paso la mayor parte del domingo en dos estados: dormir y sonreír.
Sé que mañana todo puede salir mal. Pero también sé que, por primera vez en mucho tiempo, todo puede salir bien.

04 noviembre 2009

¿Sonia 03 (dNS) o No Sonia 02?: El pleno y las chances

Sábado.

-Salió bien, la clase, ¿no?
-Sí, por suerte...
-Están escribiendo mejor.
-Están escribiendo. Mejor.
-El lunes tendríamos que hablar qué vamos a hacer el año que viene.
-Sí, claro... Ah, no, el lunes no.
-¿Por?
-No voy a ir al diario.
-¿Te tocó una nota todo el día, algún rodaje?
-No, no. Me tomo la semana de vacaciones.
-¿Te quedaban días?
-Una semana, justamente.
-¿Pero te vas a algún lado?
-No, ni en pedo, si con la mudanza estoy endeudado con mi hermano...
-¿Y entonces?
-¿El viaje a Colombia te cansó?
-Y, dormí poco.
-¿Y qué vas a hacer, toda la semana?
-Escribir, supongo. Quiero terminar la obra de teatro, que la tengo por la mitad hace una bocha. Y está el proyecto que me pidieron para la tele, que no creo que salga pero es divertido armarlo.
-¿Por qué no va a salir? La idea es buena.
-No va a salir porque estoy yo de por medio.
-No te hagas la víctima.
-No me hago la víctima. Es así.
-Nabo.
-Puto.
-Trolo.
-Mariconzón.
-¿Mariconzón?
-Lo aprendí en Colombia.
-Ah.
-...
-¿Y Lilita no te dijo nada, que te tomás la semana?
-No, estamos en una etapa rebuenaonda.
-Está bueno, eso de tomarse una semana para escribir... Yo debería hacerlo para encaminar mi libro de cuentos...
-Te mentí.
-¿Qué cosa?
-No es por eso, que me tomo la semana.
-¿Cómo que no?
-Nones.
-¿Y entonces?
-Me escribió una mina.
-¿Cómo?
-Eso: me escribió una mina. Nos vamos a ver el lunes al mediodía.
-¿Y eso qué tiene que ver con que te hayas tomado la semana de vacaciones?
-Es casada, y el marido se lleva a los pibes una semana.
-Ah.
-...
-¿Y eso qué tiene que ver con que te hayas tomado una semana de vacaciones?
-Vos no entendés.
-¡Obvio que no entiendo, pelotudo!
-Me escribió.
-¿Es lectora del blog?
-Sí.
-¿Y te tomaste una semana de vacaciones por una lectora del blog a la que ni siquiera viste y ni siquiera sabés si van a coger?
-Vamos a coger.
-¿La viste?
-No. Pero no es fea, ni gorda, ni nada raro.
-¿Y eso cómo sabés? ¿Te mandó una foto?
-No, me di cuenta por el estilo.
-¿Hay estilo de escritura de minas lindas y feas?
-Obvio. De hombres lindos y feos también. Te das cuenta.
-...
-...
-Puede ser.
-Nos vamos a gustar. Bah, yo ya le gusto.
-¡Pero si no te vio!
-Debe haber googleado imágenes.
-En una de esas te tiene en facebook.
-No. Por ese nombre no, al menos.
-¿Y cómo podés estar tan seguro?
-No estoy tan seguro. Tengo un pálpito. Creo que esto va a salir bien.
-¿Pero qué te escribió, que estás con esa cara de pelotudo?
-Algo.
-No te hagas el misterioso.
-Me habló de ella, me habló de mí. Re simple. No se quería hacer la misteriosa, ni la pelotuda, ni la pendeja. Tiene una forma agradable de expresarse... Siento que me entiende, que al verla la vamos a pasar bien.
-¿Y la idea cuál es?
-Ya te dije: quedamos en vernos el lunes al mediodía.
-¿En dónde?
-En el shopping del Abasto.
-Romántico, eh.
-Forro. Cerca de casa.
-Ah, cierto. Estuviste bien.
-Lo propuso ella.
-Epa. ¿Cuántos años tiene?
-41.
-¿41? ¿Vos estás en pedo?
-Sabés que a mí la edad no es algo que me preocupe.
-Pero las pendejas te gustan más.
-Sí. No. O sea: me gustan pendejas o más grandes. La cosa es que me gusten.
-Esperá.
-¿Qué?
-¿Vos te tomaste la semana de vacaciones que te queda porque suponés que existe una posibilidad de que te la pases garchando con una mina a la que no viste y con la que ni siquiera sabés si va a pasar algo?
-Yo apuesto a plenos, nunca a chance, Editor.
-¿Y si sale mal?
-No será ni la primera ni la última vez.

¿Sonia 03 o No Sonia 02?: Recibo un mail

Viernes.

Hace poco que retomé el blog, pero ya recibí varios mails. De lectoras, se entiende. Si me detengo a pensar, creo que por el blog, en el noventa y pico por ciento de los casos, me escribieron lectoras. Esta etapa no se diferencia de las anteriores. Los mails de lectoras tienden a ser parecidos.
El que leo es diferente. Para empezar, no hace ninguna referencia a "todas las lectoras que te escribirán", sino que el tema, a quien escribió, parece importarle realmente poco. Es directo, además, no apela a una enrevesada felicitación para aguardar mi respuesta y arrancar con el histeriqueo. Leo que me lee, y que le gusta lo que lee, y que por propiedad transitiva le gusto o, por lo menos, le gustaría conocerme en persona. Leo que es casada, que tiene 41 años y dos hijos. Aprovecha para leerme, siempre que puede. Dice que las partes porno le gustan, la calientan.
En el mail hay otra cosa. Habla de lo que imagina de mí, de lo que cree haber deducido de lo que no cuento. Habla de cómo cree que soy más allá del personaje, y no parece dejar nada afuera: deseos, miedos, seguridades, diversiones, gustos, miserias, sueños. Leo y a medida que lo hago siento el aire que entra en mi boca donde se han separado los labios. La lengua se enfría, se seca. Leo y descubro que quien me escribió da cuenta, con soltura, que me entiende. Y lo que entiende de mí le gusta.
Sobre el final del mail, otra prueba de su carácter directo: dice que el lunes su marido se va de viaje con los hijos. "Un asunto familiar sobre el que no vale la pena hacerte perder el tiempo, salvo para aclararte que tengo una semana libre y me gustaría pasarla con vos."
Mi respuesta es una palabra. "Dale".
Cuando presiono "enviar", comprendo que le estoy enviando un mail a Sonia 03 (dNS) o quizás debería decir No Sonia 02.

Elemental en Colombia: Epílogo

Viernes, 10 AM (hora de Buenos Aires).

-¿Y entonces?
-Me vine para acá directo del aeropuerto.
-...
-Parezco tu paciente más importante, ¿no? Tengo la valijita, las bolsas del free shop...
-...
-Ahora me avivo de algo. No te traje regalo.
-No hay problema.
-¿Ese "no hay problema" es que no hay problema o que es mejor que no hablemos de eso?
-Es que no hay problema, Elemental.
-En serio... ¿Querés la crema que me compré para las arrugas? No es que vos tengas, claro...
-En serio.
-Pensé en comprarte algo, pero después me acordé que hay analistas a los que no les gusta que les regalen cosas.
-¿A quiénes?
-¿Ves que te jode? Te tendría que haber comprado algo... A mi vieja no, le encanta cuando le traen regalos... Pero a la doctora Melfi no le gusta. Para nada.
-¿La doctora Melfi?
-La analista de los Soprano. Bah, la analista de Tony.
-Interesante, ¿no?
-¿Qué cosa?
-Que me diferenciaras de tu mamá.
-Uy, no empecemos con eso... Además, otro ángulo sería que me puse en el lugar de Tony Soprano, y no me falta mucho para estar gordo como él... No Sonia una vez me hizo notar algo: beso como Tony Soprano. Digo: siempre que beso apoyo una mano en la mejilla de la mina.
-...
-¿Te sigo contando del viaje?
-Contame del insomnio.
-Es que no dormí en toda la estadía en Bogotá. No hay mucho para contar, en ese sentido.
-¿Estabas tenso?
-Estaba raro.
-¿Cómo es eso?
-No sé. Llegué y las minas me miraban. Era raro. Enseguida me di cuenta de que era que estaba del otro lado del Ecuador, que ahí todo es distinto.
-O que no tenías historia.
-¿Cómo?
-Dicen que lo más interesante de los viajes es que dejás la historia atrás, que todo queda en tu casa.
-Puede ser. A veces fantaseo, con mudarme a otro lado, dejar todo atrás.
-...
-El problema es el todo, ¿no? Si es dejar todo atrás, no da. Es como en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Si para sacarte el dolor de una ruptura te tienen que sacar los momentos hermosos, no da. Es como las críticas literarias. Una vez que publicás, tenés que decidir algo. Le das bola a las críticas o no. Lo más sano es no darles pelota, me parece. A las malas. Te hacés problema al pedo, cuando al final es que no le podés gustar a todo el mundo.
-Lo que escribís.
-¿Qué?
-Que lo que no le puede gustar a todo el mundo es lo que escribís, no lo que sos.
-Ah.
-Al menos en relación a la crítica literaria.
-Sí. Bueno. La cosa es que lo más sano, me parece, es entender que la crítica negativa es arbitraria, que como casi todo está basada en un preconcepto. Digo: algo te gusta o no antes de leerlo. Por lo que leíste en la solapa. Por lo que te dijeron de la obra, o del autor. Por lo que leíste en la primera línea. El resto, es consecuencia de eso, la mayoría de las veces. Ahora bien. El costo de dejar de lado las críticas negativas es hacerse cargo de que las positivas también son falsas.
-Algo así como "verás que todo es mentira".
-Algo así. Sí.
-Estábamos en que en Bogotá no tenías historia.
-Ah, sí. En Colombia me miraban tanto que yo no era yo, sino el Editor Más Fachero. Sé que suena una locura, pero es una dinámica. Vivimos en dinámicas.
-¿Cómo es eso?
-¿Alguna vez jugaste al rol? Juegos de rol.
-¿Intercambio de roles?
-Ah, chanchita.
-...
-Dale, admitilo: soy el único que te hace reír.
-...
-En los juegos de rol, los de mesa, te toca un personaje que tiene una serie de características, y vos tenés que tomar decisiones en la historia en que están incluidos, pero limitado por esas características. En el fondo, la vida, las relaciones vitales, son eso. Juegos de rol. Nos manejamos con otros de acuerdo a personajes. Tomamos decisiones y luego actuamos con las limitaciones de los personajes. Jugamos un juego de rol ante jefes, ante parejas, ante todos.
-Ajá.
-La cosa es que, en Colombia, me había tocado, en el reparto de personajes de ese juego de rol, el Editor Más Fachero.
-¿Tu amigo?
-Mi amigo. El rol me lo asignaban las minas que me miraban. Ésa era mi limitación: no podía ser yo. O algo así. Lo más curioso es que encontré a un venezolano al que, en el juego de rol, le había tocado ser yo.
-...
-Pobre, ¿no?
-¿Pobre?
-Ya sé, no tengo que compadecerme de mí mismo.
-...
-La cuestión es que él era un desastre con las minas, era más que claro que él era yo. Y yo me encajeté.
-¿Con él?
-Sí, pero no en lo sexual. Quería que él fuera mejor.
-Ajá.
-Dale, basta de ajá.
-...
-Uf. ¿Es ajá o silencio?
-...
-Uf.
-...
-Bueno, la cosa es que durante todo el viaje a mí las minas se me regalaban. Era el rol que me había tocado. Y a él no. Para él acercarse a una mina era una odisea. Era yo.
-¿Y entonces?
-Dediqué el viaje a dos cosas. Por un lado, a disfrutar del rol que me habían dado. Por el otro, tratar de que él fuera menos infeliz.
-¿Sos infeliz?
-Eso es obvio. No hay nadie feliz.
-Ajá.
-Ajá o silencio, ¿no?
-...
-Ajá o silencio.
-...
-¿Te acordás de la banda A-ha? Era de los ochenta, vos tenés más o menos mi edad...
-¿Y conseguiste que él fuera menos infeliz?
-Eso es lo loco.
-¿Qué cosa?
-Durante los dos primeros días, no. La última mañana quedamos en que íbamos a hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para que pudiera echarse un polvo antes de volver a Caracas.
-¿Y?
-No pudo ser.
-¿No?
-No. La chica no quería. No con él. No hubo forma.
-...
-Hablé con ella. Le pasé letra para que él le hablara durante el viaje de ida al estudio en el micro. Y nada.
-¿Nada?
-Nada. La chica se me acercaba, me decía que aprovecháramos el poco tiempo que nos quedaba. A mí. Él lo intentaba todo, yo nada, y ella quería conmigo. Juegos de roles.
-...
-De hecho, me dio bola una chica hermosa. Un poco culona, pero hermosa. Petisita. Con tetas chicas. Divina.
-¿Juego de rol?
-Totalmente. Cuando nos despedimos, me dijo que tenía ganas de venir a Buenos Aires de vacaciones.
-...
-Le di un teléfono trucho.
-¿Cómo?
-Acá no funcionaría. Juegos de rol.
-Es interesante, ¿no?
-¿Qué cosa?
-Primero me dijiste que todas las críticas son falsas, las buenas y las malas. Luego, que todas las relaciones humanas son falsas.
-Sí.
-Estás un poco escéptico.
-Sí.
-¿Qué es lo falso?
-¿De qué?
-Lo falso que no te deja dormir.
-Tantas cosas...
-¿Cuáles, por ejemplo?
-...
-¿Carilina?
-Gracias.
-...
-...
-A ver, Elemental. ¿Por qué no hablamos de No Sonia?
-¿Qué vamos a hablar? Ya hablamos una bocha.
-Sí, pero me parece que hay algo que queda boyando.
-...
-Cuando rompieron, ella te dijo que nunca la quisiste.
-Sí. Se equivocaba.
-Porque la quisiste.
-Claro. Estuve muy enamorado, y después fue desapareciendo.
-Y vos siempre habías pensado que el amor era para toda la vida. Que formar una familia te iba a completar.
-Sí.
-Y encontraste a alguien que quería estar con vos para toda la vida, y formar una familia con vos.
-Carilina, por favor.
-...
-...
-Y que el amor haya desaparecido es como si nada de lo que pensaste fuera cierto.
-Exacto.
-¿No será eso, lo falso que no te deja dormir?
-...
-Digo. Llegás a otro país, te tratan distinto, sos otro. Y todo lo que queda atrás es falso.
-...
-Entonces, no dormís más.
-Pero ni bien me senté en el avión de vuelta me dormí como un nene.
-Porque todo volvía a ser real, ¿no?
-...
-¿Por qué le das crédito a lo que te dijo No Sonia?
-¿A qué cosa?
-A que nunca la quisiste.
-...
-...
-Porque no pudo seguir. Quizás tenía razón. Quizás no estoy en condiciones de amar.
-¿Cómo era eso de los juegos de rol?
-¿Perdón?
-Te estás adaptando al esquema que ella te planteó.
-Hoy hablás mucho y preguntás poco.
-Se llaman intervenciones.
-Ah, cierto.
-Te estás adaptando al esquema que ella te planteó. Estaba despechada, vos le habías dicho que la cosa no iba más. La gente despechada puede decir cualquier cosa. El tema es si te hacés cargo. Si jugás el juego de rol.
-...
-Si aceptás entrar en eso, obviamente todo va a ser falso. Pero es que vos renunciás a que sea cierto.
-...
-...
-Gracias.
-...
-¿Sabés lo que pasa? A veces creo que hay algo así como un karma. Que todo me va a salir mal.
-Lo sé.
-¿Lo sabés?
-El título no lo tengo de pelotuda.
-Ja.
-...
-La infancia, supongo. Aguantarme al marido de mi vieja, que me volvía loco. O mi viejo, que desaparecía. O mi vieja con sus depresiones... Es como que cuando me acuerdo de eso, siento que nada puede salir bien porque todo empezó mal.
-Y necesitás alguien que te ayude a salir de eso. Como vos ayudando al chico que cumplía tu rol en Bogotá.
-Sí.
-Bueno, estamos trabajando en eso.
-...
-...
-Perdón.
-Habíamos dicho que lo ibas a apagar, en esta hora.
-Sí, ya lo sé. Es que con todo eso de venir de Ezeiza directo acá me olvidé... Ja.
-...
-Es el venezolano.
-...
-Me escribe un mensajito desde Caracas, ¿te imaginás?
-...
-Ja.
-¿Qué dice?
-...
-...
-...
-¿Carilina?
-...
-...
-Gracias.
-¿Qué dice, que te pusiste así?
-Que pudo besar a la chica en el viaje de vuelta. Sin mi ayuda.

03 noviembre 2009

Elemental en Colombia: 78 horas sin dormir

Jueves, 6 AM

-¿A dónde se fue?
-A la casa. Tenía que arreglarse antes de pasarnos a buscar para ir al estudio de grabación.
-Ah, las entrevistas. Casi lo olvidaba.
-Yo no las olvido. Lo que sí, no me interesan en lo más mínimo.
-A mí tampoco.
-...
-¿Y va a ir sin dormir?
-Yo no duermo hace setenta y ocho horas.
-Mierda.
-Igual, me dio algo que me mantiene pilas.
-¿Pilas?
-Creo que ustedes dirían que me mantiene baterías.
-¿Baterías?
-Bueno, dejá.
-...
-¿Qué hiciste con Catherine?
-¿Cuándo?
-A la noche, boludo, se supone que fue la última noche, ¿no?
-Sí. Todos nos vamos a la tarde.
-¿Entonces?
-Nada.
-¿Nada?
-Estaba de mal humor. Me parece que le molestó que te fueras con La Chica Más Hermosa Que Viste.
-Epa. ¿Para tanto?
-...
-¿Y por qué no aprovechaste?
-¿Cómo voy a aprovechar si ella estaba pensando en vos?
-Sos tan yo, Huguito.
-¿Qué querés decir?
-Que no importa si está deseando a otro.
-¿Cómo que no?
-No. Donde vos ves un problema yo veo una oportunidad.
-¿Ves una oportunidad?
-Entre otras cosas. El insomnio me hace dudar de lo que veo, si tengo que serte sincero.
-...
-¿Ayer nosotros empezamos una revolución?
-...
-Mierda.
-¿Qué?
-Espero que lo de la Chica Más Hermosa Que Vi fuera cierto, al menos.
-¿Irte con ella?
-Eso, y las últimas horas.
-¿Cómo haces para coger con el cansancio que debes tener?
-Coger, tener, verso sin esfuerzo.
-...
-¿Por qué ustedes usan el coger como nosotros y no como los españoles?
-¿Por qué ustedes usan el coger como nosotros y no como los españoles?
-¿Perdón?
-Todo el tiempo estás diciendo que yo soy igual a tí. ¿Y si tú eres igual a mí?
-¿Vos el original y yo la copia?
-Claro.
-Dejate de joder, Huguito. Soy argentino, vos venezolano.
-Justamente.
-Por favor.
-Por favor los cojones.
-Por favor las pelotas, se dice.
-Lo digo como quiero. Por tu culpa no me pude coger a Catherine.
-¿Ves? No seas tan yo, no le eches la culpa a otros de tus incapacidades. Traté de ayudarte.
-Mentira.
-Lo intenté.
-Mentira.
-En serio.
-Te la pasaste cogiendo con La Chica Más Hermosa Que Viste.
-¿Vos no lo habrías hecho, en mi lugar?
-...
-...
-Ok, punto para tí.
-Entonces admitime que vos sos la copia y yo el original.
-No admito nada.
-¿A qué hora sale tu vuelo?
-A las seis de la tarde.
-En doce horas.
-Sí.
-¿Con cuánto de anticipación hay que estar en el aeropuerto?
-Dos horas.
-O sea, tenemos diez horas.
-¿Para qué?
-Para nivelar el ying y el yang, pelotudo. Voy a conseguir que garches con Catherine Fulop.
-Otra vez lo mismo.
-Voy a salvarte, porque deseo salvarme.
-Otra vez lo mismo.
-No. Otra vez no. Esta vez nos va a salir bien. Te lo juro.

Elemental en Colombia: 77 horas sin dormir

Jueves, 5 AM

Y esta, menos.

02 noviembre 2009

Elemental en Colombia: 76 horas sin dormir

Jueves, 4 AM.

Y esta, tampoco.

Elemental en Colombia: 75 horas sin dormir

Jueves, 3 AM.

Esta hora tampoco la contaré. Lo siento.

Elemental en Colombia: 74 horas sin dormir

Jueves, 2 AM.

La Chica Más Hermosa Que Vi negocia con el conserje su acceso a los pisos superiores sin que lo carguen a la cuenta de nadie. Conoce el paño, por lo que me quedo en la puerta del hotel, fumando. Le pregunto al de seguridad por la inseguridad, porque eso es lo único que se le puede preguntar, supongo. Él responde con una mezcla de orgullo y cordialidad. En un momento me dice que soy el único argentino que lo saludó, desde que entró a trabajar en el hotel.

***

Subimos a mi habitación. En el ascensor nos aguantamos.
Abro la puerta.
Entramos.

***

Sé que lo van a considerar una traición, pero lo que sigue no quiero contarlo. Y no porque haya sido malo. Todo lo contrario.

Elemental en Colombia: 73 horas sin dormir

Jueves, 1 AM.

La Chica me hace un recorrido por los barrios privados de Bogotá. O quizás debería decir countries. O no sé.
Las casas son lujosas, hacen palidecer de las de los funcionarios argentinos.
La Chica dice que la mitad son de ex narcos, que ahora el narcotráfico se redujo, que se institucionalizó. Que ese es el logro de los últimos gobiernos. Una especie de Michael Corleone que intenta entrar en los mercados de valores internacionales pero consiguen arrastrarlo, de todas formas.
La Chica dice que, de la otra mitad, se reparte en partes iguales entre empresarios y políticos. Y dice que eso se llama, en verdad, narcotráfico indirecto.

Elemental en Colombia: 72 horas sin dormir

Jueves, 12 AM

Están ahí. La autopista es a ras del suelo. Si fuera por arriba, supongo, imagino, ellos estarían debajo. Sin embargo, están ahí. A un costado. Mientras los coches -carros- pasan. Sentados. Seis. De cuando en cuando lanzan una carcajada que con La Chica Más Hermosa escuchamos desde nuestro taxi. De cuando en cuando, también, se besan. Dice la Chica que esos chicos, esa clase de chicos, son los únicos que pueden besarse sin que nadie dude de su masculinidad. Besos de lengua, tomándose las nucas, los ojos cerrados. Dice la Chica que por cincuenta dólares hacen lo que se les pida. Pregunto qué les piden. No sexo, dice la Chica, seria. Asiento. Uno de los chicos, ahí, saca un cuchillo, largo, grueso, creo que es de esos que cortan maleza en las selvas. Lo maneja con habilidad. Hace como que ataca a sus amigos. Los otros se ríen. Le pregunto a la Chica si están drogados. A veces sí, a veces no, parece.
-Están ahí, ¿entiendes? -pregunta la Chica-. En Bogotá están ahí.
-Y no siempre están drogados -digo.
-Si se trata de drogas, ahora vas a ver -dice.

Elemental en Colombia: 71 horas sin dormir

Miércoles, 11 PM.

-¿Y?
-Y.
-¿Qué?
-Una riña de gallos y una adivina. ¿Esto es la verdadera Bogotá?
-¿No te gusta?
-Me gustás vos.
-Tontico.
-Tontita.
-En serio, ¿no te gusta?
-Y, no sé.
-¿Cómo que no sabés?
-Qué se yo. En el hotel y en el estudio de grabación vi la Colombia opulenta. Me mostraste la Colombia de García Márquez, o algo así.
-...
-¿No va a dejar de llover?
-No creo.
-...
-¿Y?
-Y nada, que yo me imaginaba otra cosa, de la verdadera Bogotá.
-¿Qué te imaginabas?
-Sicarios, vírgenes, esas cosas.
-Ah.
-Violencia.
-...
-No te ofendas, eh. A nosotros nos conocen por Maradona y el fútbol, a ustedes por Gaviria y el narcotráfico.
-Tú sabes que el narcotráfico es más mexicano que colombiano, hoy, ¿no?
-Sí, pero eso no se va más. ¿Sabés cuántos argentinos quisieran que Maradona no nos representara más? Lo querían poner en una foto de identificación del país en la próxima Feria de Frankfurt.
-¿Quién?
-El gobierno. Es una feria de compra y venta de derechos de autor. Y querían poner eso, y Evita, y Gardel, y el Che.
-¿Ningún escritor?
-Nones. Creo que porque no hay escritores peronistas.
-Ah.
-O sea, hay unos chicos que dicen que son escritores y que dicen que son peronistas...
-¿Y?
-Lo primero está en duda, lo segundo también.
-Ah.
-La relación entre peronismo y cultura siempre fue complicada.
-Ah.
-No te interesa nada, esto que te estoy diciendo, ¿no?
-No.
-Es que estoy cansado. Llevo 71 horas in dormir.
-Tienes razón. Toma.
-Gracias.
-...
-...
-¿Entonces quieres ver la violencia de Bogotá?
-Sí.
-Allá vamos.

Elemental en Colombia: 70 horas sin dormir

Miércoles, 10 PM

-No me digas tu nombre.
-Perdón.
-No hace falta que me digas nada.
-...
-Vienes de lejos, ¿no?
-Del otro lado del Ecuador.
-Sí... Donde todo es distinto.
-...
-Has cambiado mucho.
-...
-Te prometieron conocer algo real, ¿no?
-...
-Era una pregunta.
-Ah, perdón... Sí, la Chica, que espera afuera, me prometió conocer algo real.
-Mmmm...
-¿Mmmmm?
-Conocerás otra cosa real, en unas semanas.
-¿Perdón?
-Del otro lado del Ecuador, cuando esto haya terminado y no sea más que un recuerdo.
-...
-Conocerás quiénes son tus amigos. Los amigos reales.
-Uf.
-¿Uf?
-Uf.
-...
-¿Otra vez?
-¿Cómo, otra vez?
-Cada tanto me pasa, que tengo que limpiar el listado.
-Sí, lo veo...
-Acabo de decírselo.
-Bueno, pero te adelantaste.
-...
-Harás algo injusto y justo a la vez, y verás quiénes son tus amigos de verdad.
-Uf.
-Hay algo oscuro, también.
-¿Oscuro?
-No porque no pueda verlo. Lo veo.
-¿Entonces?
-Te atacarán en tu trabajo. Harás algo justo e injusto a la vez, y te responderán en tu trabajo.
-El mundo está loco.
-Eso es cierto.
-No puede ser.
-¿Qué cosa?
-Que usted, que ve pasado y futuro, acepte que el mundo está loco. Se supone que le encuentra una lógica.
-No la hay.
-Uf.
-En tu estado lo entiendes.
-¿Cómo es eso?
-El no dormir, el renunciar momentáneamente a los sueños, implica aceptar la realidad. Lo que estás viendo es lo irreal, que es lo real.
-...
-¿Muy complicado?
-Muy pavote.
-¿Pavote?
-No sé el equivalente de acá.
-Ah.
-¿Y hay algo lindo, en mi futuro?
-Sí, claro. Mucho.
-¿Qué?
-Cuando vuelvas a tus tierras te espera una historia de amor.
-Hoy chequeé mails, me escribió una lectora...
-Esa.
-Ah.
-Te romperá el corazón.
-Pero la concha de la lora.
-¿Qué?
-Me dijo que veía algo lindo.
-Que te rompan el corazón es lindo.
-El mundo está loco.
-Ja.
-¿Usted también hace ja?
-Ja.
-...
-Otra cosa.
-¿Sí?
-Lo del dedico.
-¿Dedico?
-Dedo pequeño.
-Ah, dedito.
-Sí, lo del dedito.
-...
-Tú me entiendes.
-Sí.
-Quédate tranquilo, que eso no es de mariconzón.

Elemental en Colombia: 69 horas sin dormir

Miércoles, 9 PM

No sé por dónde agarró. Las calles se me confundían, las luces se entremezclaban. Recuerdo que en algún punto los edificios elegantes dieron paso a otros más humildes, que los coches -carros, acá- estaban cada vez más descascarados, despintados.
Entramos en una choza.
En la que estamos.
El olor es agreste, me cachetea las fosas nasales. Nadie habla, todos gritan. En medio de la marea de palabras, La Chica Más Hermosa Que Vi me pregunta si me gusta esto.
Por esto se refiere a la verdadera Bogotá.
Por esto se refiere a la pista donde dos gallos se picotean mientras los billetes vuelan a su alrededor. Vuelan, también, algunas gotitas de sangre.
La miro.
Niego con la cabeza.
-Probemos con otra cosa -dice, y al decirlo me acaricia el brazo.