20 octubre 2009

Elemental en Colombia: Chin chin

Martes (cont.).

Regresamos a la mesa. Mientras esperamos los platos, de repente giro con gesto horrorizado. Todos en la mesa me observan. Supongo que creen que vi una rata, o algo así. Resulta impresionante la cantidad de gente que supone que se ven ratas, cuando en realidad nadie, o casi, vio una rata. Y, si lo hizo, fue algo tan ocasional que no cuenta para la estadística. Sin embargo, cuando giro con asombro exagerado, ellos, boquiabiertos, deben pensar que vi una rata. Una rata en un restaurante fino colombiano. Peor: un argentino viene a Colombia y ve una rata en un restaurante colombiano. Peor: el argentino es periodista, y hasta el momento era el único argentino simpático que pisó estas tierras (luego de Fontanarrosa, claro, y quizás también de Gardel, aunque él no pisó estas tierras sino Medellín, y tampoco es que las pisó sino que se estroló contra el parqué colombiano). Están boquiabiertos, expectantes. Digo, entonces: una corriente de frío. Cierran sus bocas. Juana me dice que es raro, porque recién cuando salimos a fumar no estaba fresco. Me encojo de hombros: es que me tuve que levantar muy temprano para tomar el vuelo desde Buenos Aires, de hecho no dormí, el cansancio es traicionero, además de cansarte te cagás de frío, y en verano además de cansarte te cagás de calor, el cansancio es así, digo, terrible, y esta noche apenas terminemos de cenar me voy a ir a mi habitación y dormir, porque no podría encarar ningún tipo de actividad física, absolutamente ninguna, de ningún tipo, para nada, porque estoy muy pero muy cansado. Mientras hablo, le golpeo la pierna a Hugo Chávez por debajo de la mesa. El muy pelotudo entiende mal la seña y dice sí, yo también estoy muy cansado y me voy a ir directo a dormir. No, le digo delante de todo el mundo, si yo a vos te veo bien, vos tenés cara de que ahora podrías correr una maratón, cien metros llanos, escalar el Himalaya, cualquier actividad física, porque vos no estás cansado, vos estás pasado de sueño, excitado, tenés la adrenalina a full, si vos agarraras una mina esta noche la partirías en cuarenta, en cambio yo creo que ni siquiera alcanzaría una erección. Las bocas de los comensales vuelven a abrirse. Es que también soy el primer argentino realista y humilde que conocen, les digo con una sonrisa. Ya me parecía, dice Catherine Fulop, a mi lado, y me codea. No, en serio, estoy muerto, como y me palmo, te lo juro, digo. Y luego repito el gesto de horror hacia atrás. Y Hugo se resarce, suma puntos luego de su fiasco de recién: ¿querés que yo que no estoy cansado y por lo tanto no me afecta el frío me siente en tu lugar?, pregunta. Uy, gracias, Huguito, digo, sos un fenómeno, un tipo generoso, alguien que le presta atención a las necesidades del otro, seguro que si estás con una mina la hacés recontra feliz. Hugo me mira, sus labios tiemblan: no sabe qué decir. Por suerte, se acerca el camarero con las bebidas. Se para junto a mí y me muestra la botella, la etiqueta. Le hago una seña para que quien decida sea Hugo Chávez, y el camarero gira hacia él. El Elemental venezolano me mira con los ojos repletos de pánico: no tiene la más remota idea de qué tiene que hacer. ¿Cómo hago para explicarle los pasos que le permitirán simular que sabe de vinos, que es un hombre de mundo, sin hablar y dejarlo en evidencia? El camarero destapa la botella, y le ofrece el corcho a Huguito. El muy pelotudo, en vez de olerlo, lee lo que dice el sello. Para peor, agrega: pero qué interesante. La puta madre, Huguito Chávez, te estoy haciendo la gamba con la tetona y vos me venís a derrapar con esto. Sos tan yo, Hugo, que me enfurezco. Aunque me doy cuenta de algo. Como House, cuando empieza el final del capítulo, habla con Wilson y de una frase suelta deduce todo. Bueno, yo comprendo algo. Si él es yo, o sea mi función dramática, el que genera la comedia en cualquier situación social, entre ambos tiene que haber un lazo. Un hilo espiritual, digamos. Digamos que si puede haber algo tan pelotudo como el combustible espiritual, un hilo es una pavadita. Hay algo que nos une, nos hace ser parecidos. Como mellizos. Y dicen que los mellizos tienen lazos sobrenaturales, que uno sabe cómo se siente el otro aunque estén a miles de kilómetros de distancia. Si Huguito Chávez y yo tenemos ese lazo, puedo decirle qué hacer por medio del pensamiento, sin delatarnos con palabras que escuche el resto. Entrecierro los ojos, lo miro, y pienso que él ahora tiene que tomar la copa y oler el contenido. Hugo Chávez me mira, me pregunta si me siento bien. Pero lo pregunta como quien pregunta si no necesito ir al baño. No, Elemental venezolano, no, no me estoy cagando, estoy tratando de que entiendas lo que tenés que hacer. Olé el vino. Oí mi pensamiento. Mierda, Huguito, estamos en Colombia, acá impera el realismo mágico, si hay un sitio plausible de ser reinado por comunicación telepática, es este. Vamos, Hugo, concentrate, agarrá la copa por el cuello -nunca por la parte ancha, porque delataría que no sabés una mierda porque no te preocupa afectar la temperatura del vino con tus dedos grasientos y mugrosos-, y olé despacio, hundí la nariz en la copa que está muy bien, demostrá que no tenés reparos en hacerlo porque sabés lo que estás haciendo, esperá unos segundos, cerrá los ojos y luego decile al camarero que está bien, que le puede servir al resto, y proponé un brindis, ponele que por las bellezas que conociste en el día de hoy y mirá de reojo a Catherine con la fuerza suficiente como para que sepa que te restan fuerzas, que le podés reventar la cajeta durante toda la noche. Vamos, Huguito, escuchá mis pensamientos, esta unión telepática que estoy intentando. El gordo forro agarra el vaso, y como el camarero espera simplemente le pregunta si le pasa algo. Mierda. Pero no sólo eso. El muy pelotudo alza la copa y, para proponer un brindis, dice:
-Chin chin.

7 comentarios:

Koan Resuelto dijo...

No era Gardel Italiano? (los Uruguayos lo reclaman también),creo...

Anónimo dijo...

Huguito no la remonta mas...jaja.Nati

Luminicus dijo...

Si lograste que pasara algo entre Hugo y Catherine sos fenomenal. Jajajajaja

Y con respecto al cansancio, es así nomas.

Anónimo dijo...

Cada uno con su estilo. No está mal. Me gusta incluso.

NN

Elemental dijo...

Koan, por sobre todas las cosas, Gardel era mariconzón.

Nati, no creas.

Luminicus, ¿y si soy fenomenal?

NN, ¿te gusta que digan chin chin?

Koan Resuelto dijo...

Elemental, me hiciste reir. Y eso es bastante decir, dado que estoy 'trabajando' en mi día libre (day off)...thanks a lot...lol...

Elemental dijo...

Koan, me alegra que te haya alivianado un poco el day off/on.

Publicar un comentario