06 octubre 2009

Sonia 02 (dNS): Security Man is recurring to a oasis (and is not the band)

Miércoles (cont.).

Y cortamos.
El plan no acaba sino de empezar.
Como diría Palmiro Caballasca, "me hierve la cabeza".
Necesito un lugar para estar tranquilo, para pensar.

***

-Deme dos -digo.
La gorda me mira.
-¿Dos?
-Un combinado. La primera y la tercera.
Me conduce a un cuarto. Mientras me desvisto, pienso en las ventajas de que el puticlub esté a una cuadra de mi casa. Pienso también en las ventajas de haber cobrado antes de ayer las cuotas del taller de novela.
Cuando entran, estoy en calzoncillos.
-¿Así que el señor pidió por dos? ¿Aguantará? -dice una de ellas.
Sonríe. Al toque me doy cuenta de que es la más divertida de las dos. Al toque me doy cuenta de que me voy a divertir.
La otra aprovecha para quitarme el calzoncillo.
Me tiendo boca arriba. La divertida, que está teñida de rubio, me empieza a besar el cuello.
Un segundo, y olvido el depto y la conversación que tuve minutos antes.
Dos segundos, y cierro los ojos y disfruto cómo la otra me pone el preservativo con los labios.
Diez segundos, y me estoy divirtiendo.

2 comentarios:

Serena dijo...

Cuenta la leyenda en el barrio de Abasto, que un día cualquiera EL entró en el establecimiento. Que en la conjunción de causalidades ELLA terminó atendiéndolo. Cuenta la leyenda, y aquí es donde se hace inverosímil que EL la hizo acabar a ELLA (dicen que dos veces, pero entenderan que el boca a boca siempre exagera).
Por días el rumor se exparció en el mundo de las vendedoras de felicidad...

Y hoy se escuchó el grito: el mito volvió y dobló la apuesta.

Que vivan las leyendas urbanas!!

KLau dijo...

ha ha ha muy buen comment Serena!

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